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Sismo de magnitud 7.7 con epicentro en Herrera sacude Panamá

Los mayores daños se registraron en Los Santos, Herrera, Coclé y Veraguas, mientras las construcciones de la capital resistieron bien la sacudida.

Opinión BULLA, 7:45 a.m. · 2 min de lectura
Sismo de magnitud 7.7 con epicentro en Herrera sacude Panamá

Un sismo de magnitud 7.7 sacudió Panamá el viernes 9 de octubre de 2026, poco después del mediodía. El epicentro se ubicó cerca de Pitaloza, en la provincia de Herrera, en la península de Azuero. El movimiento se originó a unos 12 kilómetros de profundidad, una cifra considerada superficial, lo que hace que la sacudida sea más intensa en las zonas cercanas al foco.

Según el mecanismo focal del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), la ruptura se produjo en el sistema de fallas activas Azuero-Soná. El movimiento fue de deslizamiento lateral izquierdo, es decir, dos bloques de roca se desplazaron horizontalmente uno respecto al otro. Los especialistas explican que no se trató de un empuje directo de subducción, sino de un deslizamiento a lo largo de una falla dentro de la zona donde convergen la placa de Nazca y la microplaca de Panamá.

Varios testigos describieron un ruido intenso que provenía del subsuelo, seguido del temblor. Un testigo en Santiago contó que primero escuchó un sonido parecido al de un camión o un tren de carga y luego sintió la sacudida. Los residentes de la ciudad de Panamá reaccionaron con gran conmoción, aunque en los primeros momentos no se observaron daños graves en la capital.

Los mayores daños se reportaron en las provincias de Los Santos, Herrera, Coclé y Veraguas. Según los primeros reportes, el sismo no dejó víctimas fatales. Los altos edificios de la ciudad de Panamá resistieron bien el movimiento, algo que se atribuye en parte a que la ciudad está asentada sobre roca.

La comparación con el terremoto de Guatemala de 1976 surgió de inmediato. Aquel evento, de magnitud cercana a 7.5, también fue superficial y de deslizamiento lateral, pero ocurrió de madrugada en la falla de Motagua y golpeó zonas muy pobladas, con numerosas viviendas de adobe. Dejó más de 20 mil muertos. En Panamá, el epicentro estuvo en una zona rural, alejada de la capital, y la población expuesta a la sacudida más fuerte fue considerablemente menor.

Especialistas coinciden en que la diferencia entre ambos desastres no está en la energía liberada, sino en las construcciones y la densidad de población de cada área. Panamá lleva décadas con códigos de construcción y, según el análisis publicado, sus edificaciones tienen en promedio mejor resistencia. El caso reabre la discusión sobre la necesidad de construir de forma sismorresistente, es decir, con estructuras que disipen energía sin colapsar para proteger vidas.

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