Dos hechos de violencia armada dejan un adolescente muerto y un niño herido
Un menor de 14 años murió en Monterrico y un niño de 9 años resultó herido en San Joaquín, Pedregal, el sábado 3 de octubre. Una organización juvenil pide respuestas a las autoridades.
La tarde del sábado 3 de octubre se registraron dos hechos de violencia armada en Panamá. En Monterrico murió un adolescente de 14 años. Según el informe preliminar, el joven fue atacado cerca de una cancha de fútbol, un lugar donde los jóvenes suelen reunirse para jugar y divertirse. En San Joaquín, en Pedregal, un niño de 9 años quedó atrapado en medio de un tiroteo y resultó herido. Afortunadamente, sigue con vida.
El caso no es aislado en esa zona. El 28 de septiembre, otra persona menor de edad falleció por un disparo en Monterrico, apenas unos días antes de los hechos del fin de semana.
La organización Jóvenes Unidos por la Educación (JUxlaE) reaccionó a estos sucesos y advirtió que la violencia no puede normalizarse. Según el colectivo, el mayor peligro es que la sociedad se acostumbre a estas noticias y reaccione solo con un lamento antes de pasar a otro tema. Insisten en que cada víctima tiene una historia que merece ser contada.
Panamá ratificó en 1990 la Convención sobre los Derechos del Niño. El artículo 6 reconoce el derecho de todo niño a la vida y al desarrollo. El artículo 19 obliga al Estado a protegerlo de toda forma de violencia, y el artículo 3 establece que el interés superior del niño debe ser la prioridad en cualquier decisión que lo afecte.
La organización también señaló las carencias que rodean a la niñez. De acuerdo con el Índice de Pobreza Multidimensional de Niños, Niñas y Adolescentes (IPM-NNA) 2022, 475,498 menores de edad viven en pobreza multidimensional en Panamá, es decir, uno de cada tres. Esta condición implica falta de educación de calidad, vivienda digna, nutrición adecuada y recreación. JUxlaE aclara que la pobreza no justifica la violencia, pero sí deja a los niños más expuestos.
El colectivo hizo un llamado a distintos sectores. A las familias les pide acompañar y escuchar a los jóvenes. A los centros educativos, crear espacios de diálogo y tolerancia. A las autoridades, exige respuestas concretas, investigaciones serias, justicia y más oportunidades educativas y recreativas en los barrios afectados. Y a los jóvenes, los invita a ejercer su derecho a ser escuchados y a participar en la construcción de una cultura de paz.