Cómo recuperar la calma tras sobrevivir a un terremoto
Una psicoterapeuta con formación en intervención en crisis explica por qué el cuerpo sigue alerta y qué herramientas ayudan a recuperar la estabilidad.
Sobrevivir a un terremoto no basta para que el cuerpo baje la guardia. Muchas personas siguen en estado de alerta, y esa es una forma en que el organismo intenta protegerlas. Un ruido cotidiano puede sobresaltar a alguien por temor a una réplica, porque ahora se percibe con mayor intensidad. Tampoco todos se sienten listos para regresar al lugar donde sintieron el temblor, ni para separarse de sus espacios seguros o de las personas que les dan tranquilidad.
El miedo, la angustia, la inseguridad, la preocupación, los mareos, los dolores corporales y el insomnio son respuestas comunes y esperadas después de un evento de esta magnitud. Cada persona atraviesa el momento a su manera y necesita su propio tiempo para procesarlo.
No existe una solución inmediata, pero sí hay herramientas que ayudan a recuperar poco a poco la estabilidad. La primera es la respiración pausada y consciente. Como ejemplo, se recomienda inhalar por la nariz contando hasta cuatro y exhalar lentamente por la boca contando hasta seis, durante uno o dos minutos.
También conviene poner nombre a lo que se siente y hablarlo con alguien de confianza. Aunque compartir puede generar cierta vulnerabilidad al inicio, sigue siendo un camino sano para procesar lo vivido. Entre otras medidas útiles están enfocarse en lo que sí se puede controlar, como preparar una mochila de emergencia, acordar un punto de encuentro familiar e identificar las zonas seguras de la casa. Tomar pequeñas decisiones, vivir un día a la vez y retomar horarios de comida, sueño y trabajo, aunque sea de forma parcial, también ayuda a sentir control.
La recomendación incluye apoyarse en los seres queridos, conversar y no aislarse, recurrir a la fe o la espiritualidad si forma parte de la vida de cada quien, e informarse solo por fuentes oficiales y confiables, limitando el tiempo frente a noticias y redes sociales.
Los primeros tres días suelen ser los de mayor intensidad emocional. Si después de tres semanas el miedo, la angustia o el insomnio no disminuyen, o aumentan en intensidad, frecuencia o duración, o interfieren con la vida diaria, es recomendable buscar apoyo de un profesional de la salud mental.