Comienza en París la principal marcha de una jornada con temor a disturbios
Las autoridades limitaron el recorrido y desplegaron un operativo excepcional de 70.000 agentes en todo el país.
La principal manifestación convocada el sábado 31 de octubre en París, la tercera jornada consecutiva de movilizaciones en Francia, arrancó desde el extremo este de la capital. Las protestas reclaman frenar el alto costo de la vida y revertir el deterioro de los servicios públicos, y la marcha partió con un recorrido reducido y bajo fuertes medidas de seguridad para evitar incidentes.
El punto de salida fue la Puerta de Bagnolet. Los sindicatos querían avanzar por un trayecto mucho más céntrico, entre la plaza de la Bastilla y la plaza de Nación, pero el Gobierno y la Prefectura de Policía se opusieron. El Consejo de Estado, la máxima instancia administrativa del país, les dio la razón.
Los sindicatos estudiantiles tienen un papel central en este movimiento. La ola de acciones empezó a finales de septiembre con bloqueos en institutos por el deterioro de la educación pública. Para estos grupos, las restricciones son una maniobra del Gobierno para desactivar la protesta sin atender lo que se pide. La secretaria general de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia advirtió que, si el Ejecutivo no responde a los jóvenes, las movilizaciones continuarán.
Los estudiantes anunciaron que, con el regreso a clases tras las vacaciones de Todos los Santos, reorganizarán los bloqueos a partir del martes. El punto más fuerte será el 5 de noviembre, día en que está convocada una huelga general.
También participaron los llamados 'chalecos amarillos', que criticaron la decisión por considerarla una restricción desproporcionada del derecho a manifestarse. Este movimiento había pedido marchar desde la Bastilla hasta la plaza de la Concordia, cerca de los Campos Elíseos, el Elíseo y la Asamblea Nacional, pasando por la zona comercial de la Ópera.
En el centro de París la mañana transcurrió con normalidad, aunque con una fuerte presencia policial. Cerca de cuarenta estaciones de metro permanecieron cerradas durante la jornada, se hicieron controles a los pasajeros en la capital y en la periferia, y se usaron medios aéreos para vigilar la zona. Muchos comercios y bancos del centro colocaron paneles de madera en sus vitrinas ante el temor a destrozos y saqueos.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, justificó las restricciones por el "muy alto riesgo" de nuevos incidentes, tras los episodios de caos vividos en la manifestación del 17 de octubre, cuando fueron saqueados 3.000 comercios. Las autoridades también siguen de cerca llamados en redes sociales de grupos de extrema izquierda y otros colectivos radicalizados para provocar disturbios y aprovechar la noche de Halloween. Por ello, se impusieron toques de queda para el fin de semana en zonas como la plaza de la República y el área comercial de Châtelet-Les Halles, y los menores de edad que no vayan acompañados por un representante legal no podrán circular desde las 21 horas en varios barrios de la capital. El Gobierno desplegó en todo el territorio nacional un operativo excepcional de 70.000 agentes, con policías, gendarmes, unidades móviles, vehículos blindados, drones y helicópteros.