Chancay y el riesgo real para la plataforma marítima de Panamá
Un economista del Instituto del Canal advierte que el desafío no es solo perder contenedores, sino preservar las funciones que hacen competitivo al país.
El puerto de Chancay, en Perú, ya cambia la forma en que las navieras conectan Asia con la costa occidental de Sudamérica. Según el análisis de un economista y profesor de Economía Marítima en el Instituto del Canal de Panamá, los servicios transpacíficos de COSCO SHIPPING y las conexiones que se desarrollan alrededor de la terminal muestran que Chancay ya cumple un papel que va más allá del mercado peruano y empieza a integrarse en una red regional de transbordo.
El autor reconoce que esto representa competencia para Panamá, aunque considera que hay que precisar dónde se produce. Chancay puede disputar algunas conexiones, pero no reemplaza la plataforma que el país ha construido alrededor del Canal, sus puertos, el ferrocarril interoceánico y las redes de varias navieras internacionales.
El especialista sostiene que observar únicamente los volúmenes en TEU puede llevar a conclusiones equivocadas. Según explica, COSCO une Chancay con puertos de Chile y de Asia y mantiene servicios alimentadores que incorporan carga de otros puertos peruanos a su red transpacífica, lo que indica que el puerto abre nuevas opciones para organizar el comercio regional.
Sin embargo, una nueva conexión desde Chancay no equivale automáticamente a la pérdida de un contenedor para Panamá. Una carga que sale de Paita hacia Asia puede preferir Chancay, mientras que otra con destino a la costa este de Estados Unidos puede seguir usando rutas por Panamá. Además, el análisis señala que, cuando una naviera tiene una alternativa adicional, gana margen para organizar servicios, asignar capacidad y negociar condiciones portuarias, un efecto que las estadísticas no siempre reflejan.
En ese contexto, el autor plantea que Panamá tiene una ventaja particular: terminales en dos océanos, un canal interoceánico, un ferrocarril, servicios alimentadores y conexiones con numerosas redes internacionales. Según su planteamiento, buena parte del valor del país surge de cómo funcionan estos componentes en conjunto.
Esta idea cobra importancia al momento de otorgar concesiones portuarias. El texto recuerda que normalmente se evalúan la inversión propuesta, la productividad esperada y los ingresos para el Estado. Para el autor, esos criterios son importantes, pero la oferta que paga más a una terminal no siempre produce el mayor beneficio para el país, porque una concesión también puede alterar la competencia, el acceso de otros operadores y las alternativas disponibles dentro del sistema. Por ello propone incorporar en la evaluación la conectividad, la competencia, el acceso y la resiliencia.
El análisis concluye que, antes de decidir quién operará cada puerto, Panamá debería definir qué funciones de su sistema quiere preservar, como las conexiones entre océanos, el acceso a distintas redes navieras, los servicios alimentadores y la capacidad de reorganizar operaciones cuando cambien los patrones del comercio. Según el autor, el riesgo mayor es tomar decisiones atractivas por separado que, con el tiempo, reduzcan el valor de la plataforma que hace competitivo al país.