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Azuero vivió un terremoto sin alerta y el país aún no sabe avisar

Los vecinos respondieron primero mientras el Estado no tiene un sistema que alerte a tiempo sobre sismos de gran magnitud.

Opinión BULLA, 8:45 p.m. · 3 min de lectura
Azuero vivió un terremoto sin alerta y el país aún no sabe avisar

La falla Azuero-Soná liberó la energía que acumuló durante más de un siglo el 9 de octubre, a las 12:56 p.m. El sismo de magnitud 7.5 llegó sin ningún aviso. Según el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), dejó más de 13,000 personas afectadas y 2,716 familias sin vivienda. Mientras tanto, la primera ayuda que llegó fue la de los propios vecinos.

El principal vacío es técnico. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá tarda entre 10 y 20 segundos en localizar un sismo, pero una alerta temprana necesita hacerlo entre tres y cinco segundos. Su director, Néstor Luque, calcula que se requerirían unos 700 instrumentos en todo el territorio. La meta inmediata es superar los 50. El presupuesto de inversión ronda los 150,000 dólares, y ya hay equipos comprados que esperan casetas donde instalarse.

El caso de Costa Rica tampoco sirve de respaldo, ya que su aplicación de alertas no cubrió este evento porque sus estaciones no llegan más allá de la isla de Coiba. México, en cambio, comenzó a construir su sistema tras el terremoto de 1985 y hoy ofrece hasta 60 segundos de aviso a su capital. En el epicentro, ninguna tecnología habría dado mucho margen. Sin embargo, Chitré y Las Tablas están a unos 55 kilómetros, y allí unos pocos segundos bastan para sacar a los estudiantes de un aula o para cubrirse bajo una mesa firme.

El segundo vacío es de información. Los mismos sensores que permiten emitir alertas sirven para medir dónde golpeó con más fuerza la sacudida. Sin ese mapa, la respuesta llega primero a los lugares con carretera. Reporteros constataron que, en las primeras 48 horas, las autoridades revisaron los pueblos más cercanos y mejor conectados, mientras los poblados próximos al epicentro seguían esperando. Una semana después, unas 3,700 personas continúan en albergues y otras acampan en parques, bajo lluvias nocturnas.

Donde la respuesta oficial tardó, la gente llegó primero. En Los Pozos, más de 90 jóvenes pusieron sus carros y pagaron la gasolina de su bolsillo para llevar alimentos a comunidades golpeadas. Una familia de la región convirtió sus ahorros en 53 camas. En Cañas, un pueblo que había quedado incomunicado recibió a habitantes de una isla vecina que quedó inundada tras el sismo. Quien conservó su techo lo compartió con quien lo perdió todo.

Sin embargo, esa solidaridad no puede sostener el plan. Depende de que los voluntarios sigan pagando combustible y tengan fuerzas para otra semana de trabajo. Además, la falla sigue activa: el Instituto registra más de 740 réplicas y prevé que la actividad se extienda uno o dos meses más.

El financiamiento inicial ya está en discusión. La Comisión de Presupuesto de la Asamblea pidió al Ministerio de Economía y Finanzas incluir en el presupuesto de 2027 una partida de 1.2 millones de dólares para el Instituto de Geociencias y otra de 4 millones para el Sinaproc. El Ministerio debe incorporarlas al reformular el proyecto, y el pleno de la Asamblea debe aprobarlas completas.

Luque espera tener un sistema de alerta en las próximas semanas. El Instituto debe publicar ese cronograma, y el Sinaproc junto con el Ministerio de Educación deben ensayarlo en cada escuela antes de diciembre. El 9 de octubre colapsaron 35 escuelas, y docentes y padres indicaron que muchos estudiantes ya habían salido. Ese día no sonó ninguna alerta, pero sí sonó antes el timbre de salida.

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