Viviendas de bloques necesitan refuerzos para resistir sismos, advierte experto de la UTP
El vicedecano de Ingeniería Civil explica que muchas casas colapsadas no tenían columnas, acero ni vigas de amarre exigidas por el reglamento.
Las viviendas de bloques deben contar con columnas, acero de refuerzo y vigas de amarre conforme al Reglamento Estructural Panameño, según lo señaló Ramiro Vargas, vicedecano de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP). Vargas hizo estas declaraciones al analizar los daños dejados por el terremoto del 9 de octubre.
El especialista explicó que muchas de las casas que colapsaron no tenían estos elementos, indispensables para que las paredes trabajen en conjunto y respondan bien al movimiento de la tierra.
Según Vargas, el reglamento fija las previsiones para diseñar y construir viviendas unifamiliares de mampostería. Entre ellas figuran columnas de concreto, acero de refuerzo, estribos y vigas de amarre, además de refuerzos en las esquinas de los muros y alrededor de puertas y ventanas.
Al referirse a las fallas observadas, el ingeniero describió este tipo de obra como una construcción criolla, levantada por autoconstrucción, que lamentablemente no ha seguido las normas vigentes.
Durante un panel de análisis realizado en la UTP, Vargas destacó que el reglamento define cómo deben diseñarse y construirse edificaciones e infraestructuras con criterios sismorresistentes. Indicó que la primera versión es de 1984, que ha sido revisada cinco veces y que la vigente es la de 2021.
El sismo también afectó iglesias y edificios gubernamentales antiguos, construidos antes de que existiera la primera reglamentación. Por eso, el experto pidió reforzar la revisión de las instalaciones esenciales, como escuelas, hospitales, centros de salud, estaciones de bomberos y de policía.
Vargas también explicó que los efectos del terremoto dependieron de la distancia y la profundidad. Según su análisis, la ciudad de Panamá recibió entre 6% y 10% de la vibración de la zona epicentral, ubicada a unos 208 kilómetros. Con ese movimiento atenuado, las edificaciones de la capital respondieron de manera elástica, sin daños o con afectaciones menores en elementos no estructurales.