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Un pueblo mexicano convierte el papel picado en su sello para el Día de Muertos

En San Salvador Huixcolotla, tres cuartas partes de los habitantes se dedican a producir estas láminas caladas, que hoy se exportan a varios países.

Mesa de Vida, 8:23 a.m. · 2 min de lectura
Un pueblo mexicano convierte el papel picado en su sello para el Día de Muertos

En un taller artesanal de San Salvador Huixcolotla, en México, tres hombres trabajan con martillos y cinceles para perforar pliegos de papel de seda con dibujos. Esas láminas de colores, conocidas como papel picado, son una pieza esencial en los altares que se levantan para recibir a los difuntos y también adornan casas, calles y plazas durante la celebración.

La localidad, de casi 17,000 habitantes, vio nacer esta práctica a finales del siglo XIX. Más de cien años después, tres cuartas partes de sus pobladores se dedican a producirla. Aunque hoy existen cortadoras láser, muchos talleres siguen elaborando el papel totalmente a mano, y sus pedidos llegan a distintos países.

Miguel Reynoso, de 58 años, lleva cuatro décadas en el oficio y desde hace 28 años dirige una empresa junto a su esposa, sus cuatro hijas y una docena de empleados. Según cuenta, le satisface que la artesanía del pueblo se conozca en el extranjero y que se valore lo hecho a mano. Su taller recibe encargos de México, España, Estados Unidos, Italia, Corea y Japón.

La demanda crece sobre todo en las semanas previas al 1 de noviembre, cuando los mercados encargan cientos de miles de láminas. Sin embargo, también hay pedidos a medida durante todo el año, desde empresas que quieren ver su logotipo en papel picado hasta mensajes para bautizos y quinceañeras. Mari Reynoso, de 26 años, es una de las cuatro hermanas que decidieron dedicarse al negocio familiar después de estudiar derecho.

La técnica tiene raíces mesoamericanas. Antes, los campesinos cortaban con navaja sencillos diseños geométricos en papel amate, elaborado con corteza de árbol. El cambio llegó hacia 1850, cuando comenzó a usarse el papel de seda, conocido como papel de China, que durante más de un siglo se importó desde ese país. Hoy se fabrica en el mismo pueblo, que concentra todo el proceso productivo.

Hasta los cinceles se elaboran localmente, por un artesano conocido como el "señor de los fierros". En el taller, Roberto Carlos, de 34 años, cincela pliegos de 50 hojas con diseños como una calavera con sombrero, y explica que un pequeño desgarro en las partes finas puede arruinar toda la plana. Las tonalidades, desde verde limón hasta buganvilia, se ampliaron porque los clientes pedían más opciones.

La principal amenaza para el oficio, según Mari Reynoso, es la producción industrializada. Para ella, el trabajo manual representa la identidad mexicana y la tradición que se quiere transmitir.

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