León XIV visita Lourdes y conquista a peregrinos con un mensaje para los más vulnerables
Ante miles de fieles y enfermos, el papa reiteró que la vida de los enfermos y ancianos no es un peso, y rechazó la eutanasia y el suicidio asistido como algo normal.
En el santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en el suroeste de Francia, al pie de los Pirineos, los peregrinos esperaban sanación y encontraron este domingo a León XIV, un papa al que describen como sencillo y cercano a quienes más sufren.
Jérôme Vion, de 54 años, llegó con personas con discapacidad que atiende en la región de París. Reservaron sus lugares apenas supieron de la visita y considera que el gesto del pontífice refleja un compromiso con quienes más necesitan ayuda. Para él, la figura de Bernadette Soubirous, la joven pastora a quien la tradición católica atribuye varias apariciones de la Virgen María en la gruta de Massabielle en 1858, sigue siendo símbolo de pobreza y fragilidad.
La misa se celebró en una pradera a pocos metros de la gruta, con unos 150.000 fieles. El santuario, que ocupa 55 hectáreas, recibe cada año tres millones de visitantes y figura entre los grandes destinos marianos del mundo, junto a Guadalupe, Fátima y Aparecida. Según la Iglesia católica, en este lugar se han registrado 72 curaciones milagrosas.
Durante la jornada, el papa, de 71 años y de nacionalidad estadounidense y peruana, también se reunió con enfermos y voluntarios del santuario. Béatrice de Coincy, jubilada de la empresa aeronáutica Airbus, afirma que el pontífice muestra una gran sensibilidad hacia la enfermedad y la vejez. Ella cuida a su madre de 98 años y dijo esperar que el mensaje llegue a los más desfavorecidos en Francia.
En su homilía, dirigida a cientos de fieles sentados en sillas de ruedas azules en las primeras filas, el papa aseguró que las muletas, las sillas de ruedas y las lágrimas ocultas de los enfermos no son obstáculos. También afirmó que la gruta se levanta como un santuario de la esperanza cristiana frente a corrientes que buscan redefinir el valor de la vida ante la enfermedad, el sufrimiento o la vejez.
En la ciudad, el papa reiteró que es imposible considerar la eutanasia y el suicidio asistido como algo normal. Y dijo a los enfermos presentes: "Ustedes no son un peso, son el corazón palpitante de nuestra humanidad".
Entre los asistentes había peregrinos de distintos países, como Mercedes Avello, de 32 años, oriunda de Pamplona, España, quien habló de un papa muy cercano a la gente. Patrick, de 75 años, recordó que Robert Francis Prevost, nombre civil del pontífice, ejerció como misionero en Sudamérica junto a los pobres. Grégory Christides, profesor de Marsella de 60 años, que se declara cristiano ortodoxo, dijo que el mensaje del papa le resulta muy cercano.