Un mundo feliz: tres tendencias que Huxley anticipó hace casi un siglo
Dos académicos repasan qué aciertos y qué omisiones tiene la novela de 1932 sobre reproducción, consumo de drogas y culto a la juventud.
La novela Un mundo feliz, publicada por el inglés Aldous Huxley en 1932, describe una sociedad en la que la reproducción humana es artificial, las personas consumen para evitar sus problemas, nadie envejece y la vida sexual se practica sin ataduras. Casi un siglo después, dos profesores de literatura consultados por la BBC consideran que el libro sigue siendo vigente por la forma en que proyectó tendencias de su época hacia el futuro.
Nathan Waddell, de la Universidad de Birmingham, explica que Huxley se inspiró en las fábricas británicas que visitó y en las ideas sobre la eugenesia que estaban de moda entonces. Según el experto, el autor combinó la eficiencia industrial con la manipulación genética y creó una visión de un futuro optimizado. John Greenberg, de la Universidad de Montclair, señala que, mientras otros escritores apenas pensaban en la fertilización in vitro, Huxley imaginó la reproducción a gran escala y la idea de diseñar seres humanos a medida. La primera niña nacida por esa técnica llegó en 1978.
Otro punto de coincidencia es el uso de sustancias. En la novela, el soma es un medicamento que calma cualquier malestar. Greenberg asegura que sus estudiantes relacionan ese producto con los antidepresivos, las drogas recreativas y los somníferos de hoy. Los datos citados en el reportaje indican que más del 16 % de la población de Estados Unidos usa antidepresivos de forma continua y que el 51,2 % del país ha probado algún narcótico, aunque sea una vez.
La gratificación inmediata es, para ambos expertos, el hilo que une las predicciones de Huxley. Waddell recordó una carta que el autor envió a George Orwell tras la publicación de 1984, en la que sostenía que el control más eficaz no es la fuerza sino el placer constante, que vuelve a la gente dependiente. Waddell también comparó el arte sintético producido con un botón con la realidad actual de la inteligencia artificial.
No todo acertó. Greenberg considera que Huxley no previó la erosión de las jerarquías sociales por los derechos de las mujeres, los derechos civiles y los derechos de las personas homosexuales, pues en la novela la heterosexualidad es la norma. Waddell añade que tampoco anticipó la conectividad global, que sí aparece en un cuento de E.M. Forster de principios del siglo XX. Además, la familia sigue siendo una institución central, algo que la novela daba por desaparecida.
Para Waddell, la obra deja una lección ambivalente: el ingenio humano produce avances admirables, pero ese mismo ingenio puede corromper a quien lo usa. Por eso, concluye, la novela sigue obligando a los lectores a preguntarse qué propósito tiene la vida humana.