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Sismo perdió hasta 95% de su intensidad antes de llegar a la capital

Un ingeniero de la UTP explica que los edificios de la ciudad respondieron de forma elástica y que no se observaron daños estructurales significativos en las evaluaciones preliminares.

Redacción Nacional, 8:14 a.m. · 3 min de lectura
Sismo perdió hasta 95% de su intensidad antes de llegar a la capital

Las mediciones preliminares de la Universidad Tecnológica de Panamá indican que las aceleraciones registradas en la capital fueron bastante menores que las del epicentro del terremoto de magnitud 7.5 ocurrido el viernes 9 de octubre. El vicedecano de Ingeniería Civil, Ramiro Vargas, indicó que entre 85% y 95% de la intensidad de la onda sísmica se atenuó antes de llegar a la ciudad. Dicho de otra forma, lo que llegó a la capital representó entre 5% y 15% de lo medido en el epicentro. Vargas dio estos datos este lunes 12 de octubre.

Según el ingeniero, en la zona del epicentro las aceleraciones alcanzaron valores del orden de 50% al 60% de la gravedad, mientras que en la capital estuvieron entre 4% y 9%. Esa diferencia ayuda a entender por qué los edificios de la ciudad se comportaron de manera distinta a las estructuras más cercanas al origen del movimiento.

El sismo se registró en el sistema de fallas de Azuero-Soná. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá lo estimó en magnitud 7.5, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo calculó en 7.7. Vargas lo describió como un movimiento fuerte y superficial. La capital está a unos 208 kilómetros del epicentro, y esa distancia fue determinante para que las vibraciones perdieran intensidad a medida que la onda avanzaba.

Vargas explicó que, con las aceleraciones registradas en la ciudad, los edificios respondieron de manera elástica, es decir, sufrieron movimientos o deformaciones temporales y luego recuperaron su posición. En las evaluaciones preliminares no se observaron daños estructurales significativos, aunque sí podrían presentarse afectaciones en elementos no estructurales como paredes, mosaicos y cielos rasos. El vicedecano aclaró que esto no significa que los edificios hayan enfrentado las mismas exigencias que las construcciones cercanas al epicentro, ni que estén garantizados ante un sismo de gran magnitud más próximo a la capital.

El ingeniero recordó que el diseño sismorresistente busca controlar los daños y evitar el colapso para proteger la vida de las personas, no impedir cualquier afectación. El Reglamento Estructural Panameño tuvo su primera versión en 1984 y se actualizó en 1994, 2004, 2014 y 2021. Sin embargo, Vargas advirtió que una norma actualizada no basta si los requisitos no se cumplen en el diseño y la construcción, y si no hay inspecciones y mantenimiento. Entre los factores de riesgo mencionó las obras sin análisis ni diseño estructural, la construcción informal, la falta de fiscalización y el deterioro por falta de mantenimiento. También señaló que el cumplimiento no es uniforme en todos los municipios, porque algunas alcaldías tienen limitaciones para ejercer la ingeniería municipal.

Por último, Vargas explicó que la UTP mantiene un programa de instrumentación sísmica con acelerógrafos instalados en unos 200 edificios y en campo abierto. Los datos sirven para modelos computacionales que analizan la respuesta de las estructuras. El ingeniero consideró valiosa esa cobertura, pero planteó la necesidad de instalar más equipos, especialmente en campo abierto, para comparar mejor el movimiento del terreno con la respuesta de los edificios.

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