Solidaridad o "taquilla" en las redes tras el sismo en Panamá
Tras el temblor, creadores de contenido mezclaron ayuda real con búsqueda de audiencia, y el debate sobre la ética de esa visibilidad se encendió entre los usuarios.
El sismo que recientemente sacudió Panamá no solo afectó la infraestructura física. También se reflejó en las pantallas de miles de teléfonos, donde en cuestión de segundos aparecieron transmisiones en directo, videos de lámparas moviéndose con el temblor y gritos de angustia grabados de cerca. Poco después, comenzaron las convocatorias rápidas para recolectar agua, comida y enseres destinados a las zonas afectadas.
Esa avalancha de contenido reabrió una discusión intensa entre los internautas panameños. La pregunta de fondo es si estas iniciativas responden a una solidaridad genuina o si buscan aprovechar el miedo colectivo y la necesidad de otros para ganar seguidores y visualizaciones.
Durante el evento y en las horas siguientes, varios generadores de contenido usaron la preocupación de la gente como principal recurso. Circularon videos con títulos alarmistas, rostros angustiados en las miniaturas y pedidos explícitos de compartir y dar me gusta, incluso antes de que el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) publicara sus reportes oficiales sobre los daños. Analistas del comportamiento digital explican que, en una emergencia, la cantidad de personas buscando información se dispara y quienes publican primero capturan la atención. El peligro es evidente: la desinformación, el pánico sin fundamento y la banalización del dolor ajeno.
Sin embargo, la situación tiene otra cara. La inmediatez de las redes permite organizar apoyo en poco tiempo. Mientras las instituciones públicas completan sus evaluaciones y tramitan los procesos para liberar fondos, algunos creadores lograron instalar centros de acopio improvisados y llevar comida caliente, agua embotellada y materiales para reparaciones a comunidades golpeadas.
El cuestionamiento ético aparece cuando se observan los métodos. Hay cámaras encendidas que registran el momento exacto en que una persona de escasos recursos recibe una bolsa de comida o una plancha de zinc, lo que, según las críticas, expone su dignidad para generar contenido.
Para quienes perdieron su vivienda o no tienen qué comer después del sismo, sin embargo, la intención del donante suele pesar menos que la ayuda recibida. Varios sectores de la población priorizan el resultado práctico de cada gesto.
Los expertos consultados coinciden en que no conviene demonizar la difusión de las causas solidarias. Las redes pueden servir para mostrar de manera transparente qué se recolecta y cómo se entrega, lo que facilita la rendición de cuentas. El problema, según el análisis, surge cuando la vulnerabilidad de las personas se convierte en mercancía.
Al final, el balance deja una conclusión clara: la publicidad que busca únicamente el impacto del momento se desvanece rápido y deja desinformación, mientras que la movilización digital bien canalizada termina llegando a donde las carencias son más profundas. La responsabilidad, en última instancia, recae en cada usuario, que debe distinguir entre quien aprovecha el desastre para inflar sus métricas y quien convierte la visibilidad en un apoyo real para quienes lo necesitan.