Protestas por costo de vida y vivienda sacuden Francia, Italia, España y Portugal
Francia reporta al menos 1.800 detenidos tras una jornada de saqueos e incendios. En Italia hubo choques con la policía, mientras en Madrid y Lisboa la gente acampa para exigir casas que pueda pagar.
El descontento por los precios altos, los salarios bajos y la falta de vivienda llenó las calles de varios países europeos. El sábado 17 de octubre fue la fecha más tensa, con disturbios graves en Francia y enfrentamientos en Italia, mientras en España y Portugal crecen las acampadas de jóvenes que no logran independizarse.
Francia fue el escenario más violento. Las autoridades calificaron el caos de "sin precedentes" y reportaron al menos 1.800 arrestos. En Limoges le prendieron fuego al Ayuntamiento, y las sedes municipales de Marsella y Lille también resultaron dañadas. En París hubo comercios quemados o saqueados y destrozos en monumentos y espacios públicos. El domingo, el país amaneció contando las pérdidas, que según las autoridades serán cuantiosas, y ya avanzan investigaciones para identificar a los responsables.
Los manifestantes franceses reclamaban por el poder adquisitivo, el costo de vida y la educación, y rechazaban los recortes presupuestarios del Gobierno. El presidente Emmanuel Macron, que en las últimas semanas también enfrentó protestas estudiantiles en todo el país, condenó la violencia y advirtió que quienes causaron los daños tendrán que responder. El Ejecutivo y la derecha culparon a la izquierda radical y a vándalos infiltrados. Los dirigentes señalados negaron esa versión y criticaron el trabajo de la policía.
En Italia, las marchas exigían mejores sueldos y servicios públicos, impuestos más justos y menos gasto militar. Milán vivió los choques más fuertes, con barricadas, petardos, cargas policiales y gases lacrimógenos. Turín y Bolonia también tuvieron momentos de tensión y afectaciones en los trenes. En Roma marcharon miles de personas convocadas por la Confederación General Italiana del Trabajo y más de cien asociaciones. La primera ministra Giorgia Meloni condenó la violencia, aunque defendió el derecho a protestar. Para el 20 de noviembre está anunciada una huelga general, que coincidirá con una huelga estudiantil europea.
En Madrid, cientos de personas siguen acampadas en la Puerta del Sol desde finales de septiembre. Piden viviendas asequibles y denuncian desalojos de inquilinos que no pueden pagar el alquiler. La protesta, impulsada por el Sindicato de Inquilinas, ya se extendió a otras ciudades y suma a muchos jóvenes sin empleo o con trabajos precarios. A diferencia de Francia e Italia, allí no se han reportado choques violentos de esa magnitud.
La acampada madrileña enfrenta a las autoridades. El Gobierno regional asegura que perjudica al comercio y al turismo y que causa problemas de higiene y seguridad. El Gobierno nacional se niega a desmontarla de inmediato porque considera que, por ahora, no altera el orden público. Los tribunales rechazaron las medidas cautelares que pedía la región para despejar la plaza, y la estación de metro de Sol, cerrada un tiempo por limpieza, volvió a abrir el sábado en la noche.
En Portugal, la Confederación General de los Trabajadores Portugueses marchó por el centro de Lisboa, desde Cais do Sodré hasta el Rossio, donde jóvenes empezaron a levantar tiendas de campaña para exigir vivienda. Hubo protestas similares en Oporto y Coimbra. El sindicato pide un aumento salarial general del 15%, con un mínimo de 150 euros al mes. Una joven de 22 años que participó en la marcha explicó que alquilar una habitación cuesta unos 500 euros, cuando el salario mínimo ronda los 800.