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Por qué formar una pareja estable en Panamá se siente tan difícil

Hombres y mujeres coinciden en la frustración, pero especialistas apuntan más a las apps y a filtros rígidos que a la falta de personas solteras afines.

Redacción Nacional, 7:36 a.m. · 2 min de lectura
Por qué formar una pareja estable en Panamá se siente tan difícil

La sensación de que formar una pareja estable se ha vuelto una tarea muy difícil es compartida por hombres y mujeres de distintas edades en todo el país. Frases como "ya no hay hombres que valgan la pena" se escuchan en cafés, reuniones de amigos y redes sociales. La pregunta de fondo es si esta dificultad responde a la realidad demográfica de Panamá o si es producto de las nuevas formas de conocerse.

El acceso a internet móvil ha crecido en el país. Según reportes del sector de telecomunicaciones, la penetración de teléfonos inteligentes supera el 90%. Con ese panorama, aplicaciones como Tinder, Bumble, Badoo e Inner Circle se han convertido en la vía principal para iniciar contactos afectivos.

Sin embargo, la experiencia en estas plataformas suele producir el efecto contrario al esperado. Estudios internacionales sobre comportamiento en redes hablan de la paradoja de la elección: tener muchas opciones aparentes lleva a descartar con rapidez. En Panamá, donde los círculos sociales suelen ser reducidos, las apps abren un abanico amplio que choca con expectativas culturales tradicionales.

Especialistas en relaciones señalan que en las aplicaciones predominan la imagen inmediata y la presentación del perfil como producto, lo que alimenta prejuicios automáticos. Las mujeres citan cansancio ante la hipersexualización y la falta de compromiso serio. Los hombres mencionan exigencias económicas elevadas y rechazo hacia quienes tienen cargas familiares previas.

El discurso popular tiende a generalizar, con estigmas hacia la diversidad sexual, acusaciones de inmadurez afectiva y etiquetas contra las madres solteras y la independencia femenina. Especialistas en psicología de pareja sugieren que el problema no está en la ausencia total de personas solteras afines, sino en la rigidez de los filtros y en delegar el cortejo a plataformas diseñadas para retener la atención, no para consolidar matrimonios. La conclusión es que las reglas del cortejo cambiaron, pero el deseo de un vínculo genuino sigue vigente.

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