Perros y gatos dominan los hogares panameños, pero crece el interés por exóticos
Las especies no convencionales ganan terreno en barrios y zonas rurales, con retos legales, económicos y de bienestar animal que muchos dueños no prevén.
En Panamá, el perro sigue siendo la mascota preferida de forma abrumadora, y el gato ha ganado terreno con rapidez, sobre todo en zonas urbanas como la Ciudad de Panamá, San Miguelito y La Chorrera. La vida en apartamentos y los horarios de trabajo exigentes explican buena parte de ese avance. Aun así, en barrios residenciales y en zonas rurales crece el interés por animales no convencionales y especies exóticas o silvestres, una tendencia que genera debate.
Según estudios del sector veterinario y censos de vacunación del Ministerio de Salud (MINSA), más del 70% de los hogares panameños con una mascota conviven con un perro. El deseo de tener algo distinto, que puede ir desde loros e iguanas hasta monos, serpientes o hurones, plantea problemas que muchos compradores no anticipan al momento de adquirir el animal.
El costo es otro factor. Mantener un perro o un gato puede requerir entre $40 y $100 al mes en alimentación, vacunas y desparasitación. Con un animal exótico o silvestre, la cuenta cambia de forma considerable. La atención veterinaria especializada es limitada y costosa en el país, y una consulta básica para un reptil o un ave psitácida puede costar el doble de una atención canina estándar. A ello se suma la dificultad para conseguir alimento especializado, suplementos de calcio, iluminación UV y hábitats adecuados.
Uno de los vacíos más grandes está en distinguir entre una mascota exótica permitida y una especie silvestre nativa protegida. La Ley 24 de 1995, conocida como Ley de Vida Silvestre, y las normativas del Ministerio de Ambiente (MiAmbiente) prohíben la extracción, comercialización y tenencia no autorizada de fauna nacional, como varias especies de monos, pericos, guacamayas y otras aves. Tener estos animales en una casa constituye una infracción administrativa y, en casos graves de tráfico, puede configurar un delito ambiental.
Para tener legalmente una especie silvestre o exótica regulada, la persona debe contar con un permiso de Custodia Temporal o Registro de Fauna emitido por MiAmbiente, que acredite la procedencia legal del ejemplar, ya sea de zoocriaderos autorizados o de importaciones con certificado CITES. En cuanto a perros y gatos, la Ley 70 de 2012, reformada por la Ley 133 de 2020, regula los deberes de sus tenedores y sanciona el maltrato, la negligencia y el abandono con multas desde $100 y penas de cárcel en casos severos.
Especialistas en bienestar animal señalan que el principal error al adquirir estas especies es tratarlas como mascotas domésticas y desconocer sus necesidades biológicas. Un mono capuchino o un loro verde no han pasado por un proceso de domesticación como el perro. Con la madurez sexual, muchos de estos animales desarrollan conductas agresivas, destructivas o vocalizaciones excesivas, lo que suele terminar en abandono o en confinamiento en jaulas reducidas en patios traseros. La Policía Ambiental y MiAmbiente atienden de forma recurrente estas situaciones mediante denuncias ciudadanas al 311.
Las autoridades recomiendan, sin matices, que el perro y el gato sigan siendo las opciones idóneas para la convivencia familiar. Antes de elegir otra especie, quien quiera adoptarla debe verificar la legalidad de su origen, evaluar si puede costear atención médica especializada y evitar alimentar el tráfico ilegal de la biodiversidad panameña.