La Concacaf cambia y Panamá debe aprender a mantenerse arriba
Haití, Curazao y República Dominicana avanzan rápido y la selección panameña enfrenta una exigencia mayor en la Liga de Naciones y en la eliminatoria rumbo al Mundial 2030.
Durante años, la Concacaf tuvo jerarquías bastante definidas. México y Estados Unidos encabezaban la región, Costa Rica tenía una tradición mundialista respetable y Panamá, Honduras y Jamaica luchaban por ganarse un lugar en la cita más grande del fútbol.
Ese esquema empezó a moverse. Surinam puso en aprietos a Panamá durante la pasada eliminatoria, y luego llegaron resultados más contundentes. Haití volvió a una Copa del Mundo después de más de medio siglo, Curazao logró por primera vez su boleto mundialista y Surinam llegó hasta el repechaje intercontinental. Panamá, por su parte, aseguró su clasificación directa.
La selección panameña juega estos días en Japón frente a Nueva Zelanda y Ecuador, equipos que estuvieron en el Mundial 2026. Al mirar atrás, el cambio en el país también es notable. Panamá creció de forma importante en los últimos 12 años y hoy está entre las principales selecciones de la región. Llegó a la Liga de Naciones como una de las cuatro mejor ubicadas en el ranking de Concacaf, junto con México, Estados Unidos y Canadá.
El riesgo está en dar por hecho esa posición. Muchas selecciones del área han entendido que una vía rápida para subir de nivel es buscar talento fuera de sus fronteras. Curazao es el caso más visible, aunque no el único. República Dominicana, por ejemplo, ha puesto atención en futbolistas formados en Europa que pueden representar al país por ascendencia o nacionalidad, una fórmula que acorta procesos que antes tomaban generaciones.
Esto tendrá efectos directos en Panamá. En noviembre, el equipo de Thomas Christiansen disputará los cuartos de final de la Liga de Naciones frente a uno de los clasificados de una fase en la que aparecen Haití, Curazao, República Dominicana, Surinam, Jamaica y Honduras. El ganador de esa serie accederá al Final Four y también obtendrá un cupo directo a la Copa Oro 2027.
En septiembre de 2027 arrancará la eliminatoria de Concacaf rumbo al Mundial 2030, y regresarán al proceso Estados Unidos, México y Canadá, que estuvieron ausentes en la anterior por ser sedes en 2026. La competencia será más exigente y reunirá a las principales potencias de la zona.
Por eso, el reto no es solo conservar lo logrado. La meta es seguir compitiendo contra selecciones mundialistas, pelear por títulos regionales y mantenerse en el grupo de referencia de la Concacaf. Todo esto ocurrirá mientras la selección inicia un relevo generacional, un proceso que traerá tropiezos, minutos de aprendizaje y responsabilidades nuevas para jugadores jóvenes. Panamá tendrá que construir la próxima generación sin esperar a que la actual termine su ciclo.