Panamá busca recuperar casas de quincha protegidas por la Unesco tras el terremoto
Vecinos de Los Santos y Las Tablas recuperan tejas y piezas mientras la Cultura insiste en restaurar un patrimonio que consideran irremplazable.
Pueblos de la península de Azuero viven esta semana una tarea delicada: rescatar las casas de quincha, una arquitectura de barro y madera cuya técnica de construcción está incluida en la Lista de Salvaguardia Urgente de la Unesco desde 2025. El terremoto de magnitud 7,5 que sacudió Panamá el pasado viernes golpeó con fuerza esa zona, donde predominan los poblados de trazado colonial, las carreteras secundarias y una población envejecida que vive de la agricultura.
En La Villa de Los Santos, el obrero Rubén Jiménez trabaja en una casa de unos cien años dentro del núcleo patrimonial del pueblo. No es el dueño de la vivienda. Fue contratado para desmontarla por recomendación de las autoridades, que la consideran inservible. Según cuenta, ha recuperado más de 2.000 tejas que quedaron intactas tras el movimiento, y las guarda en la parte trasera para reutilizarlas en el futuro. Describe su labor con pesar, pues siente que se destruye lo poco que quedaba del antiguo patrimonio local.
Las casas de quincha se levantan con estructuras de madera de cedro amargo, cocobolo o cañaza enlazada con lianas. Las paredes se cubren con una mezcla de tierra y paja, y las tejas se hacen de lodo. Durante la construcción, los vecinos se reúnen en lo que llaman una junta de embarre para amasar el barro, una práctica comunitaria que la Unesco destaca por su valor cultural y climático, pero que alerta sobre el riesgo de desaparición por la escasez de materias primas.
A pocas calles de allí, la mexicana Gloria Echevarría, que vive en el pueblo desde hace más de cincuenta años, observa cómo su casa-hostal de quincha, de unos 130 años, queda casi irrecuperable. Su vivienda está detrás de la iglesia de San Atanasio, del siglo XVI, que perdió el campanario. Tanto ella como Jiménez coinciden en que aún no han recibido una guía para reconstruir las casas ni el patrimonio histórico del pueblo. Tampoco saben si podrán recuperarlas, porque faltan fondos propios y ya no hay personal que confeccione tejas.
En Las Tablas la situación es menos grave. Vecinas como Mirna Mora permanecen en sus casas, que sufrieron pocos daños. Allí, dos trabajadores reponen las tejas que se deslizaron, que fue el único desperfecto visible. Mora reconoce que el impacto fue menor en comparación con lo que pudo haber sido, aunque para ella cualquier daño pesa.
La ministra de Cultura, María Eugenia Herrera, señaló que estas viviendas son el hogar de cientos de panameños y reflejan la solidaridad, la memoria y la identidad de generaciones. Afirmó que su restauración es una tarea fundamental para el Ministerio, en reconocimiento a las familias y comunidades que han preservado este conocimiento ancestral. Según la funcionaria, conservarlas equivale a proteger una tradición que forma parte de la historia del país.