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Miles de devotos llegan a Portobelo para la fiesta del Cristo Negro

Cada 21 de octubre, peregrinos de todo el país acompañan al Naza en una procesión marcada por promesas, penitencias y una fe que pasa de padres a hijos.

Redacción Nacional, 8:45 a.m. · 2 min de lectura
Miles de devotos llegan a Portobelo para la fiesta del Cristo Negro

Cada 21 de octubre, Portobelo, en la provincia de Colón, se llena de miles de creyentes que llegan a acompañar al Nazareno. Entre la gente se escucha el grito de «¡Viva el Naza!», que se mezcla con las oraciones de quienes piden por la salud de un familiar, por un hijo que atraviesa dificultades, por trabajo o por una situación que les preocupa. También hay quienes regresan a dar las gracias.

La imagen es de Jesús Nazareno cargando la cruz y se venera en la iglesia de San Felipe de Portobelo. Su piel oscura llevó al pueblo a llamarlo el Cristo Negro, nombre con el que hoy se conoce una devoción que atraviesa generaciones. Su historia se remonta a la época colonial, aunque no existe una versión histórica definitiva sobre cómo llegó al poblado.

Entre las leyendas más conocidas está la de una embarcación que no lograba salir de la bahía por las tormentas, hasta que la tripulación habría decidido dejar la imagen en el pueblo. Otra versión habla de pescadores que la hallaron en el mar y la llevaron a la iglesia. No hay pruebas que confirmen estos relatos, pero para muchos devotos forman parte de su historia.

Los milagros atribuidos al Cristo Negro se relacionan sobre todo con la salud, la familia y las dificultades de la vida. Los testimonios de los fieles son relatos de fe personal y no pruebas científicas de una intervención sobrenatural. El salsero puertorriqueño Ismael Rivera, Maelo, también quedó ligado a la devoción gracias a su canción El Nazareno.

En Panamá, una manda con el Naza es un compromiso que se adquiere al pedir un favor o al agradecer una gracia recibida. Por eso, cada octubre aparecen peregrinos que llegan caminando, personas vestidas con túnicas moradas y creyentes que cargan cruces o hacen penitencias. Las prácticas penitenciales, según el relato, deben realizarse sin poner en riesgo la salud.

El momento más esperado es la procesión, cuando la imagen sale de la iglesia y recorre las calles rodeada de una multitud que reza, canta y se acerca a expresar su devoción. Las velas, las cruces y las voces que se unen en el recorrido combinan la fe católica con una tradición arraigada en la identidad panameña.

Para muchos, la relación con el Naza no termina con la procesión. Hay devotos que regresan cada año aunque vivan lejos de Colón, mientras otros llegan por primera vez acompañando a un familiar. Para quienes creen en el Cristo Negro, el viaje a Portobelo es la forma de mantener viva una fe que, año tras año, los hace volver.

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