México intensifica evacuaciones ante la llegada del huracán Polo en Baja California Sur
La Marina visita por segunda vez una colonia de pescadores en Puerto San Carlos, donde los habitantes no pueden ser obligados a salir antes del impacto.
Faltan pocas horas para que el huracán Polo toque tierra en la costa del Pacífico mexicano, y en Puerto San Carlos, Baja California Sur, militares de la Marina recorren una colonia de pescadores para pedir a sus habitantes que abandonen sus casas. Es la segunda visita del personal naval a este barrio de viviendas muy humildes, construidas con madera y techos de lámina, y situadas peligrosamente cerca del mar.
Según los oficiales, la autoridad no puede obligar a nadie a evacuar, así que su labor se limita a persuadir. El grupo está encabezado por el contraalmirante Roderico García Mendizábal y avanza casa por casa repitiendo el mismo mensaje: la zona es vulnerable, hay albergues disponibles y el gobierno ofrece apoyo. Algunas familias ya salieron tras una primera crecida del mar que dejó daños en el sector.
Las respuestas son variadas. Salvador Palma, que vive con su familia de siete personas, dice que ha pasado otros huracanes sin problemas y que confía en Dios. Afirma que reforzó su casa y la amarró con cintas usadas para remolcar, una medida que muchos vecinos también adoptaron. Norberto Estala, en cambio, colocó sacos de tierra en la entrada y tapó las ventanas con tablones, y dijo que saldrá en su camioneta si la situación empeora. Alfonso Morales aseguró que irá a un albergue si la marea sigue subiendo.
Polo tocará tierra como huracán categoría 3 en la escala Saffir Simpson, de un máximo de 5, con vientos sostenidos de 185 km/h. Aunque el ojo del ciclón pasará más al norte, se prevén vientos huracanados en la zona y un riesgo muy alto de inundaciones. En el recorrido, los marinos encontraron cables caídos, señales dañadas y árboles tumbados, lo que anticipa los daños que dejará el fenómeno.
En una casa pequeña, casi de cartón y junto al mar, nadie respondió a los llamados del contraalmirante. Uno de los marinos percibió movimiento dentro y supone que los habitantes evitan hablar con los militares. Al retirarse, el soldado miró hacia atrás con la esperanza de estar equivocado. Las autoridades volverán después para evaluar los daños en el área.