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SALUD

Máscaras LED en casa: cómo funciona la terapia de luz para el rostro

La fototerapia de luz azul, roja e infrarroja pasa del consultorio dermatológico al tocador, con precauciones de seguridad que conviene conocer.

Redacción Nacional, 6:58 p.m. · 3 min de lectura
Máscaras LED en casa: cómo funciona la terapia de luz para el rostro

La tecnología que antes solo se ofrecía en cabinas dermatológicas llega cada vez más a los hogares. Entre los aparatos más populares de la cosmética actual están las máscaras de luz LED, que usan la fotobiomodulación para atender problemas que van desde el acné inflamatorio hasta las líneas de expresión y la falta de luminosidad en la piel.

A diferencia de las lámparas de bronceado o del sol, la fototerapia LED emite luz de baja intensidad que, según la información disponible, no genera calor invasivo ni radiación ultravioleta, por lo que no provoca quemaduras ni daños en el ADN celular. Aun así, conocer la función de cada color y seguir las normas de seguridad es clave para notar resultados.

El principio se basa en que los fotorreceptores de las células de la piel absorben los fotones de la luz. Según la longitud de onda, medida en nanómetros, la luz llega a distintas capas de la epidermis y la dermis. La luz azul, entre 415 y 470 nm, actúa en la superficie y tiene poder antibacteriano contra Cutibacterium acnes, la bacteria vinculada a espinillas y brotes, además de ayudar a regular el exceso de grasa. La luz roja, entre 630 y 660 nm, penetra en la dermis superficial y estimula a los fibroblastos, las células que producen colágeno y elastina; se emplea para suavizar líneas finas, acelerar la cicatrización y reducir la inflamación. El infrarrojo cercano, entre 810 y 850 nm, no es visible para el ojo humano y alcanza las capas más profundas, donde apoya la circulación y potencia la regeneración junto con la luz roja.

Aunque se considera una técnica no invasiva y apta para la mayoría de las pieles, los especialistas recomiendan seguir un protocolo. Conviene usar gafas protectoras de silicona para evitar fatiga visual o dolores de cabeza, y limpiar bien el rostro, sin maquillaje ni protector solar. También se aconseja no aplicar retinoides potentes ni ácidos exfoliantes, como el glicólico o el salicílico, justo antes de la sesión, porque pueden fotosensibilizar la piel; es mejor reservarlos para después o usarlos en noches alternas. Por último, hay que respetar los tiempos del fabricante, que en casa suelen ser de 10 a 20 minutos, de 3 a 5 veces por semana, ya que alargar la sesión no acelera los resultados y puede sobreestimular la piel.

Quienes toman medicamentos fotosensibilizantes, como ciertos antibióticos o tratamientos orales para el acné, así como las personas con afecciones oculares severas, lupus o antecedentes de epilepsia fotosensible, deben consultar a un médico antes de usar la terapia o evitarla por completo.

En conclusión, las máscaras LED pueden ser una herramienta complementaria para mejorar la textura y la vitalidad de la piel. Sus resultados dependen de la constancia, de la protección ocular adecuada y de la asesoría médica previa.

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