Mareos y ansiedad tras el terremoto: el impacto emocional que sigue en Panamá
Siete días después del sismo, algunas personas siguen sintiendo que la tierra se mueve. Un psicólogo explica por qué ocurre y qué pasos ayudan a procesar lo vivido.
Siete días después del sismo del viernes 9 de octubre, con epicentro en la península de Azuero, muchas personas siguen sintiendo que la tierra se mueve. Esa sensación, conocida como terremoto fantasma, afecta sobre todo a quienes viven en el interior del país. Algunos reportan mareos, la impresión de que van a caerse y una alerta tan alta que cualquier ruido o movimiento brusco los sobresalta, aunque no esté ocurriendo ninguna réplica.
A esto se suma el temor a vivir otra experiencia similar, especialmente en las zonas más cercanas al epicentro. El psicólogo y docente universitario Marvin Hernández explica que estas reacciones responden a un estado de hipervigilancia, es decir, a una alerta constante ante la posibilidad de un nuevo peligro. Tras un evento de esta magnitud, en el que las personas no solo sintieron el movimiento sino que también vieron y escucharon cómo su entorno parecía a punto de derrumbarse, pueden aparecer episodios de ansiedad, recuerdos repetitivos y el deseo de dormir para desconectarse de la situación.
Según el especialista, intentar ignorar lo ocurrido o pelear todo el tiempo contra el miedo no siempre ayuda a procesar la experiencia. Recomienda hablar del tema con personas de confianza que escuchen sin juzgar y brinden aliento, siempre que cada quien se sienta preparado. No se trata de revivir cada detalle, sino de contar con un espacio seguro para expresar lo que se siente.
El impacto emocional también alcanza a quienes están lejos de sus familiares, que pueden sentir impotencia, preocupación y temor constante. Hernández lo relaciona con un duelo por la distancia que puede reactivarse después de una experiencia traumática. Añade que el sismo funciona como un activador colectivo que despierta otras preocupaciones, y que algunas personas vuelven a sentir emociones que creían haber superado. Incluso la casa, la escuela, el trabajo o el dormitorio pueden dejar de percibirse como lugares completamente seguros, y esas pérdidas también pueden generar procesos de duelo aunque nadie haya fallecido.
Para el psicólogo, afrontar lo ocurrido no significa olvidarlo ni regresar de inmediato a la normalidad, sino realizar tareas que permitan integrar el terremoto a la vida diaria de forma gradual. La Organización Mundial de la Salud indica que las emergencias pueden causar un malestar psicológico importante, aunque muchas de esas reacciones disminuyen con el tiempo. Conviene prestar atención si los síntomas persisten, se intensifican o dificultan las actividades cotidianas. Los mareos o episodios de vértigo que no desaparecen deben ser evaluados por un profesional de la salud, porque no siempre tienen origen emocional.