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Los miedos reales del panameño que asustan más que Halloween

Desde el cajero hasta el torniquete del Metro, la rutina diaria ofrece sustos que no necesitan disfraces ni efectos especiales.

Redacción Nacional, 10:40 a.m. · 2 min de lectura
Los miedos reales del panameño que asustan más que Halloween

Con la llegada de octubre, las vitrinas se llenan de máscaras, telarañas de plástico y disfraces importados. Pero en el día a día de Panamá, los sustos verdaderos llegan sin aviso y sin música de suspenso. Según el recuento de situaciones cotidianas que el país reconoce como su propio "terror criollo", la mayoría tiene que ver con el bolsillo, la rutina y los imprevistos mecánicos.

Uno de los momentos más tensos ocurre en el cajero. La fila avanza detrás, la pantalla muestra el total y la tarjeta de débito responde con un "transacción declinada" porque el saldo no alcanza. Entonces toca decidir qué producto devolver mientras el cajero espera. Para muchas personas, esa escena vale más que cualquier película de suspenso.

En las vías más transitadas de la capital, como la Vía España, el Puente de las Américas y la Avenida Domingo Díaz, el susto también tiene hora fija. A las 5:30 de la tarde, cuando el tráfico se detiene por completo, el indicador de temperatura del motor sube a la zona roja. Quedarse varado con humo saliendo del capó y los pitos de los carros de atrás es una experiencia que, según el relato popular, no tiene nada que envidiarle a una casa de espantos.

En casa, el sobresalto aparece de dos formas. La primera es cuando la luz parpadea en medio de un aguacero y surge el temor de que el aire acondicionado o la refrigeradora se hayan dañado. La segunda llega con la factura del servicio eléctrico después de un mes de calor intenso.

El espanto también se instala en la oficina. Un correo inesperado un viernes por la tarde, una llamada con tono serio o el aviso de pasar un momento por el despacho bastan para disparar la preocupación. Perder el empleo en un mercado competitivo es, para muchas familias, el mayor temor, porque de ese ingreso depende el sustento del hogar.

La rutina del transporte también tiene su propio susto. Llegar al torniquete del Metro o del Metrobús con la fila apurada detrás y escuchar el pitido de saldo insuficiente obliga a retroceder entre la multitud, en plena hora de salida. Al final, el humor sigue siendo el mejor escudo del panameño para enfrentar estos sobresaltos, y demuestra que la vida diaria da más miedo que cualquier disfraz de temporada.

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