Isla Cañas sigue deshabitada tras el terremoto y espera albergues temporales
Unas 400 personas salieron de la isla en lanchas, mientras se acondicionan cuatro albergues para unas 200 personas.
La comunidad de Isla Cañas, en la provincia de Los Santos, sigue deshabitada por razones de seguridad después del terremoto del pasado viernes 9 de octubre. La falta de agua potable y de electricidad, sumada a los efectos de las mareas y a las réplicas, mantiene a sus habitantes fuera de la isla, mientras se trabaja para habilitar albergues temporales en tierra firme.
Daniel Pérez, residente de la isla y promotor turístico, explicó que unas 400 personas se encontraban en la comunidad cuando ocurrió el sismo. Según relató, la evacuación tomó cerca de 30 minutos y se apoyó en lanchas que trasladaron a los pobladores hacia tierra firme. Pérez indicó que la cercanía con la costa facilitó el traslado, que se hizo de forma organizada y permitió que muchas personas salieran con sus pertenencias y mascotas. Isla Cañas tiene unos 600 habitantes.
El terremoto dañó las tuberías de agua potable y el cableado eléctrico, que fueron arrastrados por la corriente y la marea alta. A ello se suman las réplicas registradas después del sismo y las inundaciones en sectores cercanos al puerto y a la playa. Por estas condiciones, los residentes no pueden pasar la noche en la isla. Solo se les permite ingresar entre las 8:00 a.m. y las 5:00 p.m. para atender animales, gallinas y otras labores relacionadas con sus propiedades.
Mientras las autoridades determinan cuándo podrán regresar, se adecúan cuatro albergues temporales para unas 200 personas. Pérez detalló que una de las carpas tiene capacidad para hasta 100 personas, repartidas en espacios para 14 familias. El proyecto incluye baños, duchas y áreas separadas para familias pequeñas y numerosas, además de espacios para atención médica y psicológica, una cocina común y zonas para almacenar y organizar los alimentos recibidos en donaciones.
El representante comunitario reconoció el apoyo del Gobierno Nacional, de la empresa privada, de organizaciones y de cientos de voluntarios en el avance de las obras. Aun así, indicó que todavía falta trabajo, especialmente en el inventario de suministros y en la organización de la comida. Hizo un llamado a quienes quieran colaborar para sumarse al voluntariado en la clasificación de donaciones, el control de productos y el apoyo en la cocina comunitaria.
Pese a su situación, los habitantes también colaboran con otras comunidades afectadas por el terremoto, sobre todo en zonas de difícil acceso donde la ayuda aún no llega en suficiente cantidad. Parte de las donaciones del centro de acopio se distribuye entre familias de otros sectores. Pérez expresó que la isla quedó dividida, aunque sus habitantes están más unidos que nunca, y confió en que la comunidad se recuperará cuando existan las condiciones necesarias. La duración de la estancia en los albergues dependerá de las evaluaciones de las autoridades y de la recuperación de los servicios básicos.