Hurtos de quesos y alimentos en comercios panameños: qué hay detrás
Los minisúper del área metropolitana enfrentan pérdidas constantes por sustracciones menores, y muchos casos nunca llegan a una denuncia formal.
En los minisúper del área metropolitana, los productos lácteos, las carnes frías y los abarrotes son los que más desaparecen sin que nadie lo note a tiempo. Quesos madurados, jamones y embutidos figuran entre los artículos de consumo inmediato más afectados, y los encargados de estos locales los describen como uno de los problemas más persistentes del sector.
Los especialistas en seguridad comercial advierten que el fenómeno no es un caso aislado. Detrás de estas pérdidas hay tanto vulnerabilidad económica como grupos o personas con experiencia que aprovechan las horas de mayor movimiento para evadir la vigilancia privada. En el argot popular se les llama "cancheras".
Según los reportes preliminares citados, quienes realizan estas sustracciones suelen actuar en parejas o en grupos pequeños. Uno distrae al cajero o al dependiente, por ejemplo pidiendo precios o solicitando mercancía del fondo del local, mientras el otro esconde productos de alto valor en poco espacio, como bloques de queso importado, embutidos empacados al vacío o latas de café. Para ello usan bolsos de doble fondo, ropa holgada o carritos de compras modificados.
Este tipo de hurto no implica violencia, por lo que se clasifica como hurto simple y no como robo. Aun así, el daño se acumula y reduce los márgenes de ganancia de los pequeños y medianos comercios, que trabajan con inventarios ajustados.
Para frenar las pérdidas, los propietarios han reforzado sus controles internos. Entre las medidas están las cámaras de circuito cerrado con mayor definición, la contratación de personal de prevención de pérdidas y la restricción del ingreso de mochilas o bolsos grandes a las áreas de venta.
El principal obstáculo, según los comerciantes, está en la denuncia formal. Como los montos suelen ser bajos y no alcanzan los umbrales que la ley exige para considerar el perjuicio como una afectación mayor, muchos optan por recuperar la mercancía y disuadir al infractor sin acudir a la justicia. Esa práctica deja un vacío de cifras que no aparece en las estadísticas oficiales de seguridad.