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Hipersensibilidad tras el sismo: por qué algunas personas sienten temblores que no existen

Especialistas explican que el cerebro en alerta puede confundir movimientos cotidianos con sismos y señalan cuándo buscar apoyo psicológico.

Redacción Nacional, 5:00 a.m. · 2 min de lectura
Hipersensibilidad tras el sismo: por qué algunas personas sienten temblores que no existen

Tras el terremoto que sacudió Panamá el pasado 9 de octubre, algunas personas siguen percibiendo movimientos leves que antes no notaban. Hay quienes interpretan vibraciones cotidianas como posibles temblores o sienten que el suelo se mueve. Según los especialistas consultados, esta reacción puede relacionarse con la hipersensibilidad, un estado de alerta en el que el cerebro se mantiene atento a señales de peligro después de vivir una experiencia traumática.

La psicóloga Danayka Ortega explica que, mientras el cerebro permanece en alerta, busca cualquier indicio de amenaza y algunos movimientos cotidianos pueden confundirse con sismos reales. Según sus palabras, se trata de una respuesta natural del organismo para protegerse frente a una situación percibida como peligrosa. Por su parte, el geólogo del Instituto de Geociencias Héctor Pineda coincide en que la población puede estar más sensible a sismos leves. Aclaró que esto no significa que el terreno esté más blando, sino que las personas están más atentas a las vibraciones tras un movimiento de gran magnitud.

La hipersensibilidad puede manifestarse al sobresaltarse con un ruido, con una puerta que se cierra, al pasar un vehículo o cuando un objeto se cae. También pueden aparecer palpitaciones, tensión muscular, mareos y la sensación de que el suelo se mueve. Ortega señaló que sentir ansiedad, miedo, dificultad para dormir o estar pendiente de cada movimiento durante varios días es parte de las reacciones posteriores a un evento estresante y es completamente normal.

La especialista recomienda reconocer las emociones y aceptar el miedo sin juzgarse. Advierte, sin embargo, que conviene estar atentos si el malestar se intensifica o interfiere con las actividades diarias, pues en ese caso podría ser necesaria ayuda psicológica. Entre las señales de alerta menciona las pesadillas frecuentes, el miedo intenso, el aislamiento, los cambios importantes de conducta y las dificultades constantes para realizar tareas cotidianas.

Los niños y los adultos mayores fueron de los más afectados emocionalmente durante el sismo, por lo que también pueden sentir miedo. Los especialistas recomiendan que padres y cuidadores les transmitan tranquilidad, los escuchen sin juzgarlos y eviten minimizar lo que sienten con frases como "no tengas miedo". Explicarles lo ocurrido con un lenguaje adecuado a su edad, ofrecer información clara y no prometerles que no habrá nuevas réplicas también ayuda a darles seguridad. En el caso de los adultos, se sugiere explicarles que los especialistas mantienen el monitoreo y enseñarles qué hacer si ocurre otro movimiento.

Ortega subrayó que cada persona procesa la experiencia a su manera: algunas necesitan más tiempo para hablar, otras se aíslan y otras reaccionan con risas o quedan paralizadas. Por eso, la empatía, la paciencia y el respeto por sus emociones son fundamentales. Cuidar la salud mental, dijo, forma parte de la recuperación tras el sismo.

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