Hicaco y Santa Catalina luchan por recuperarse tras el terremoto en Soná
Familias sin vivienda, cementerios afectados y un sector turístico golpeado marcan la emergencia en la costa de Veraguas.
Los pescadores de Hicaco, en la costa de Soná, describen un terremoto que nunca habían vivido. Bienvenido Flores estaba en el mar cuando comenzó el movimiento. Su lancha se sacudía de un lado a otro, y desde el agua vio cómo las rocas de las islas caían. Al regresar a tierra, encontró el pueblo casi vacío y su casa destruida, sin posibilidad de rescatar sus pertenencias. Ahora se mueve entre Hicaco y Carrizal, donde se concentran las personas evacuadas, mientras intenta entender cómo empezar de nuevo.
La situación de Flores se repite en otras familias. En el cementerio de la comunidad, el movimiento del suelo dejó restos humanos expuestos. Los residentes tuvieron que vigilarlos para evitar que los perros los dispersaran, una escena que refleja cómo la emergencia alcanzó incluso a quienes ya habían fallecido.
Carmen Camarena describe la vivienda de su padre como inutilizable. La familia salió con lo que pudo rescatar y, según su relato, el hombre no había recibido del Gobierno ni siquiera un colchón o una colchoneta. La ayuda que llega a Hicaco, afirma, viene de empresas privadas, amigos y familiares que viven fuera de la comunidad. Camarena pidió al presidente José Raúl Mulino que se presente y dé una respuesta directa sobre dónde pasarán las próximas noches los afectados.
Alonso Camarena Pineda, de 77 años, lleva toda su vida en Hicaco. Tras el sismo, su familia pasó la primera noche al aire libre, en un patio, sin un lugar preparado para protegerse. Dice que el miedo permanece con cada réplica, sobre todo por sus nietos pequeños. Aun así, asegura que no se rinde.
En Santa Catalina, el turismo también sufre las consecuencias. Julio Mateo, presidente de la Cámara de Turismo, explicó que el terremoto afectó reservas y provocó cancelaciones de viajes y vuelos. De unos 30 negocios que integra la organización, cerca del 60 % presenta algún tipo de afectación, con distintos niveles de gravedad. Calcula que la recuperación del sector podría tomar alrededor de un mes o algo más.
Rud Gerandi Espinoza Castillo, de la cooperativa Mar Santa Catalina, participa en la recepción y entrega de donaciones. Señala que algunas personas regresaron a sus comunidades, pero no duermen en sus casas por temor a las réplicas, aunque no tengan daños. Pide carpas, lonas, medicamentos, colchonetas y albergues provisionales antes de que lleguen las lluvias. Mulino, por su parte, señaló que la dispersión de las viviendas en zonas rurales dificulta la llegada de la asistencia.
Los residentes temen que, cuando disminuyan las donaciones y la atención pública se concentre en otras urgencias, sus necesidades queden relegadas. Para estas familias, el terremoto no terminó con la última sacudida.