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Halloween no es igual de divertido para todos los niños

Una columna advierte que la intensidad de la fiesta puede superar a algunos menores y propone adaptar la celebración a sus necesidades.

Redacción Nacional, 12:01 a.m. · 2 min de lectura
Halloween no es igual de divertido para todos los niños

Halloween puede ser una fiesta divertida, pero no todos los niños la viven de la misma manera. Según una columna escrita por una madre, reconocer sus miedos, respetar sus emociones y ajustar la celebración a lo que necesitan puede fortalecer su seguridad emocional.

Quien escribe cuenta que disfruta sumarse a las celebraciones de los lugares donde vive. En su casa, Halloween forma parte del calendario familiar, con disfraces, decoración y meriendas con amigas. Aun así, advierte que esa misma experiencia puede sentirse de otra forma para los más pequeños.

Máscaras, sangre artificial, gritos repentinos, luces, música inquietante y personajes que aparecen de pronto pueden acumularse en poco tiempo. Cuando esa intensidad supera la capacidad del niño para entender lo que ocurre y recuperar la calma, su sistema de alerta puede activarse con fuerza. Lo que los adultos ven como un juego puede convertirse, para el menor, en una amenaza real.

El texto explica que, en la primera infancia, la capacidad para distinguir la fantasía de la realidad todavía está en desarrollo. Un niño puede saber que detrás de una máscara hay una persona y, aun así, sentir miedo de verdad. Según la columna, no está exagerando, sino respondiendo con los recursos emocionales que tiene en ese momento. Frases como "no seas miedoso" pueden parecer una forma de animar, pero también pueden transmitir que su emoción no vale y que conviene ocultarla.

La propuesta no es estar a favor o en contra de la celebración, sino observar a cada niño y tomar decisiones conscientes sobre cómo vive la experiencia. Eso puede significar disfrazarse, decorar y salir a pedir dulces, pero también alejarse de los espacios más intensos, bajar el ritmo o celebrar de otra manera. Para la autora, lo que más pesa es la suma de decisiones cotidianas, como la forma de responder ante un susto o cuando un niño se frustra o atraviesa un conflicto.

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