¿Gozar o cazar marido? Lo que se vive en los bailes típicos de Panamá
Entre la diversión, la moda y el mito de la pesca de maridos, las mujeres que asisten a estas fiestas reclaman su derecho a disfrutar sin etiquetas.
Cuando suena el acordeón en los jardines y toldos del país, la pista se llena de costumbres, coqueteo y opiniones encontradas. Las cantalantes en la tarima y las bailadoras que acuden a las fiestas patronales concentran las miradas, sobre todo por sus trajes ceñidos, sus escotes llamativos y la explosión de color en su vestuario.
Desde hace tiempo circula un debate entre los asistentes: ¿las mujeres van a los bailes típicos solo a disfrutar la música o buscan un hombre con solvencia económica? La pregunta se repite en conversaciones, comentarios y bromas en redes sociales, donde el tema se trata con humor y, a veces, con dureza.
En la tarima, el cambio en el vestuario de las cantalantes es evidente. Antes, muchas vocalistas se presentaban con batas tradicionales o ropa de diario. Hoy el espectáculo pide brillo, pedrería y diseños atrevidos que resistan las luces del escenario y proyecten seguridad. Aun así, sectores conservadores suelen juzgar con severidad esa indumentaria y la confunden con falta de pudor, pese a que se trata de ropa de trabajo.
En la pista, la historia es más variada. La letra de algunas canciones típicas y la sátira en redes han alimentado el mito de que el baile funciona como un espacio para encontrar pareja, tanto en el interior como en la capital. Hay asistentes que aseguran que algunas mujeres llegan dispuestas a usar su atractivo para conquistar a hombres con dinero, sean ganaderos, comerciantes o profesionales, en busca de estabilidad económica o una vida más cómoda.
Sin embargo, según lo recogido, esa no es la regla general. Los sociólogos consultados y las propias participantes de estas parrandas cuestionan esa idea. Para la mayoría de las mujeres panameñas, ir a un baile típico es una decisión propia, una forma de recrearse y de ejercer su independencia. Muchas trabajan, generan sus ingresos, pagan su entrada y consumen lo que quieren. Se visten con prendas frescas y llamativas, pensadas para el calor tropical, con un objetivo claro: bailar, relajarse y disfrutar.
Ese señalamiento deja ver una doble moral. A los hombres se les celebra la coquetería y el gasto en la barra, mientras que a una mujer que se viste con soltura o con coquetería se le encasilla como interesada en el dinero.
La realidad de los toldos es diversa. Conviven la coquetería tradicional, el cortejo, la búsqueda de estatus y, sobre todo, el deseo de celebrar la música y la identidad panameña con total libertad.