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Filtros y retoques: la distancia entre la pantalla y la vida real

Especialistas y analistas advierten que la edición digital moldea la idea de lo normal, y que el contraste con la calle suele provocar decepción.

Redacción Nacional, 7:56 a.m. · 2 min de lectura
Filtros y retoques: la distancia entre la pantalla y la vida real

El contraste entre las fotos publicadas en cuentas oficiales de redes sociales y las que captan fotógrafos de prensa o transeúntes en la calle volvió a poner sobre la mesa el debate sobre los filtros de belleza y la edición digital. Según el reporte, muchas personas en Panamá, incluidos seguidores de figuras de la televisión e influencers, se han llevado una gran decepción al encontrarse en persona con alguien que solo conocían por la pantalla.

Cada vez es más común que figuras públicas muy celebradas en Instagram o TikTok por su apariencia resulten difíciles de reconocer cuando aparecen en fotografías sin retoque.

El fenómeno no es nuevo, pero la tecnología cambió su alcance. Antes, el retoque estaba en manos de producciones editoriales de alto presupuesto. Hoy, aplicaciones de modificación facial con inteligencia artificial y algoritmos de suavizado de piel permiten a cualquier persona cambiar rasgos, textura de la piel y proporciones corporales en cuestión de segundos, antes de publicar.

Especialistas en psicología del comportamiento social explican que ver con frecuencia rostros y cuerpos muy alterados distorsiona la percepción de lo que es normal. La diferencia entre la imagen editada y la realidad, con poros, líneas de expresión y variaciones de luz, suele terminar en desilusión o en críticas cuando se difunden fotos sin procesar.

Analistas de la industria del entretenimiento recuerdan que la luz, el ángulo de la cámara y el tipo de lente también influyen mucho en cómo se ve una persona. Una foto tomada con luz directa o desde un ángulo poco favorable puede cambiar las facciones aunque no haya software de edición de por medio.

Frente a la presión del público por más autenticidad, algunos países y plataformas digitales han empezado a discutir reglas para etiquetar contenidos con alteración digital, sobre todo en publicidad y patrocinios comerciales. La idea es reducir la brecha entre la imagen virtual y la física, aunque la información disponible no detalla qué medidas concretas se aplicarían.

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