Familias de Pozo Azul y Toabré buscan dónde reconstruir tras el terremoto
A ocho días del sismo del 9 de octubre, las viviendas perdidas obligan a estas familias a decidir si pueden quedarse en sus terrenos o deben buscar otro lugar.
A ocho días del terremoto del 9 de octubre, familias de Pozo Azul y Toabré, en Coclé, lidian con la pérdida de sus casas y con la duda de dónde podrán volver a levantar su hogar. Ambas comunidades están al norte de Penonomé, en zonas de colinas y valles.
Lidia Gil llegó a su casa en Pozo Azul apenas cinco minutos antes del sismo, junto a sus hijos. Salieron corriendo y, según explicó, la vivienda quedó con daños graves. Personal del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) y del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot) le indicó que ya no era habitable. Desde entonces vive en casa de su madre. Las autoridades le sugirieron buscar otro terreno para construir, pero ella asegura que no ha encontrado uno disponible y que la orientación recibida no le resuelve nada.
A pocos metros vive María Martínez Rivera, quien hace 23 años comenzó a construir su casa junto a su esposo, poco a poco. Sus cuñadas le avisaron de los daños, aunque al volver encontró la estructura muy afectada. Agradece que su esposo y sus hijos no estuvieran dentro durante el sismo. Personal del Sinaproc le advirtió que el terreno no es seguro para reconstruir, por lo que también tendrá que buscar otro lugar. Mientras tanto, su familia permanece en casa de su suegro.
En Toabré, la historia es distinta. La vivienda de María Olivia Elbeo González y Juan Antonio Morán ya había sido demolida cuando llegó la prensa. Durante 25 años fue su hogar, donde vivían nueve personas. Miembros de la comunidad ayudaron a retirar los escombros y vecinos, amigos y conocidos donaron materiales para la reconstrucción, que quedaron en el terreno. La familia dice que recibió la primera visita del Sinaproc una semana después del sismo.
Los hijos de María Olivia levantaron un techo provisional para que ella pudiera refugiarse. Ella no quiere salir de ese lugar, en parte porque debe cuidar a sus animales. Su caso muestra que, para algunas familias, la decisión no es solo dónde construir, sino si pueden abandonar el sitio donde han vivido por décadas.
Según el Gobierno, cerca de 3,000 viviendas tienen algún tipo de afectación a una semana del terremoto de magnitud 7.5. Las autoridades también informaron que han evaluado a unas 6,800 familias. Las inspecciones continúan para determinar qué casas pueden repararse, cuáles requieren reconstrucción total y cuáles no ofrecen condiciones seguras. Mientras tanto, para estas familias, la pregunta sigue abierta: sin terrenos disponibles claros, no saben cuándo ni dónde podrán volver a tener un techo propio.