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Familias de Herrera y Veraguas viven con miedo tras el terremoto

Grietas, casas dañadas, falta de agua y una pesca detenida mantienen la incertidumbre en La Pitaloza y Malena.

Mesa de Política, 12:00 a.m. · 3 min de lectura
Familias de Herrera y Veraguas viven con miedo tras el terremoto

El terremoto dejó casas afectadas, familias sin techo y grietas en el terreno en dos puntos distantes entre sí: La Pitaloza, en Los Pozos de Herrera, y Malena, en el distrito de Mariato, provincia de Veraguas. En ambos lugares, el temor a una nueva sacudida sigue presente en la vida diaria.

Marco Antonio García estaba cocinando en su casa de La Pitaloza cuando el suelo comenzó a moverse. Vio cómo una pared se desplomaba frente a él y corrió hacia afuera para aferrarse a un árbol de guayaba. Cuatro días después, según su relato, seguía sin techo y dormía bajo una lona en el mismo lugar.

García dice que las réplicas continúan y se producen cada dos horas aproximadamente, aunque algunas se sienten con más fuerza que otras. Una madrugada, alrededor de las 3:00 a. m., un vecino que dormía en una galera sostenida por pilares de cemento despertó asustado y se trasladó. Para la comunidad, cualquier pared que se mantiene en pie representa un riesgo.

La familia de Clarivil Villamonte vivió momentos de pánico cuando la tierra empezó a moverse. Después encontraron una grieta profunda detrás de la vivienda. La casa no se derrumbó, pero el daño bastó para que nadie quiera volver a habitarla con tranquilidad. Hoy unas once personas permanecen juntas en un lugar apartado, han pasado noches a la intemperie y piden agua, comida, colchones y artículos básicos.

En La Pitaloza, las familias están dispersas en partes altas y deben caminar para conseguir alimentos. Algunas cargan las bolsas de ayuda hasta los puntos donde se refugian. La electricidad todavía no regresó como esperaban, y una pequeña planta les permite tener algo de luz por la noche.

En Malena, el paisaje costero muestra otra cara del mismo fenómeno. Los vecinos describen desniveles en el terreno y afectaciones en los cerros, cambios que les preocupan por sus viviendas y su entorno. Samuel Fuentes advierte que el abastecimiento de agua es una de las necesidades más urgentes, porque las afectaciones en los cerros y el colapso de algunas fuentes hídricas comprometieron el suministro de la comunidad, sin que los habitantes sepan cuánto tardará su recuperación.

La economía local también quedó en suspenso. Ever Pinto calcula que alrededor del 90 % de los ingresos de los habitantes proviene de la pesca, y las dudas sobre la seguridad de salir al mar han frenado esa actividad. Según Pinto, algunas personas perdieron todo y conservan solo la ropa que llevaban puesta y el terreno donde estaba su casa, aunque ese terreno ya no les transmite seguridad.

Pinto también indicó que, hasta el momento de la entrevista, no habían recibido ayuda del Gobierno. La comunidad organizó un centro de acopio, reparte las donaciones de empresas privadas y particulares según las necesidades y racionaliza los alimentos sin saber cuánto durará la crisis.

Entre ambas comunidades, el terremoto ha dejado algo más que daños materiales. Las familias temen que sus casas caigan durante una réplica y esperan respuestas sobre el agua, la estabilidad de las viviendas y la posibilidad de volver a pescar. Mientras tanto, la recuperación avanza con lentitud.

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