Exdirector del Santo Tomás explica cómo funcionan los hospitales ante un terremoto
Nicolás Liacopulos detalla el papel de la Ley 44, la coordinación del COE y el triaje en emergencias de gran escala.
El sismo de magnitud 7.5 que sacudió el país puso a prueba la capacidad de respuesta de los hospitales públicos y privados, que han entrado en una fase de máxima exigencia. Para entender cómo funcionan los protocolos de contingencia, BULLA consultó la opinión del doctor Nicolás Liacopulos, médico y exdirector del Hospital Santo Tomás, quien analizó la forma en que operan los grandes centros de salud del país, como el Hospital del Niño, el Santo Tomás y los hospitales regionales.
Según el especialista, ante una catástrofe de esta escala no existe una preparación total. Aun así, consideró que el sistema panameño cuenta con herramientas legales y operativas para enfrentar la emergencia. Señaló que la mayor parte de la capacidad de atención está concentrada en la capital, por lo que el reto está en movilizar equipos, tecnología y personal técnico hacia las provincias y en trasladar con rapidez a los pacientes graves a hospitales de tercer nivel.
Uno de los pilares del protocolo es la coordinación entre instituciones y la integración del sector privado bajo la conducción del Estado. Liacopulos recordó que la Ley 44 establece que, en un evento catastrófico o cuando se declara estado de emergencia, las clínicas y hospitales privados ponen sus instalaciones a disposición del Ministerio de Salud (Minsa). Con esa norma, pueden recibir y tratar a pacientes graves que no tengan seguro social ni recursos para pagar una atención privada, mientras el Minsa actúa como ente rector.
La declaración de emergencia por parte del Consejo de Gabinete permite liberar partidas presupuestarias de forma rápida, lo que es clave para cubrir los gastos médicos desde el primer día. El especialista también destacó la sincronización del Centro de Operaciones de Emergencia (COE), integrado por el Sinaproc, el Minsa, la Caja de Seguro Social, Bomberos, la Policía Nacional y el Servicio Nacional Aeronaval (SENAN). Este último es fundamental para las evacuaciones aeromédicas desde zonas donde carreteras y puentes han quedado colapsados, como Tonosí, Mariato y Macaracas.
Liacopulos comparó la situación con el terremoto de Bocas del Toro en 1991, cuando trabajó como brigadista y presenció el hundimiento del Hospital de Changuinola. Reconoció que la cultura de protección civil ha avanzado de forma importante desde entonces, impulsada por el Sinaproc. Sin embargo, insistió en que la prevención sigue siendo una tarea pendiente. Recordó que Panamá es un país sísmico, con fallas activas, y pidió no descuidar los simulacros ni los puntos de encuentro.
En cuanto al uso de los cuartos de urgencia, el especialista explicó que, en una catástrofe, los equipos médicos aplican un triaje estricto para concentrar los recursos en los pacientes con traumatismos graves o lesiones que pongan en riesgo inminente su vida. Advirtió que es común que personas con crisis de histeria, taquicardias o angustia después del sismo saturen las urgencias. Aunque comprendió la reacción emocional ante las réplicas, recomendó canalizar estos casos hacia centros de atención primaria o líneas de salud mental para no colapsar los hospitales de trauma.