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Parumas, cheques del Mides y comercio informal marcan la vida diaria en Yaviza

Un recorrido por Yaviza, Darién, muestra la tradición emberá en la vestimenta, pero también la lucha de pequeños vendedores por captar ventas.

Redacción Nacional, 4:22 p.m. · 2 min de lectura
Parumas, cheques del Mides y comercio informal marcan la vida diaria en Yaviza

En Yaviza, Darién, la paruma aparece en casi cada esquina. Se trata de una pieza de tela de colores intensos y estampados variados que las mujeres de los pueblos emberá y wounaan usan alrededor de la cintura, a manera de falda. No necesita botones ni cremalleras, pues se sujeta con un amarre que la mantiene firme.

Sus diseños suelen incluir figuras geométricas y motivos inspirados en la naturaleza. Más que una prenda para ocasiones especiales, forma parte de la rutina de muchas mujeres, desde adultas hasta niñas que empiezan a usarla desde pequeñas.

En uno de los puestos que venden estas telas conversamos con la señora Mancia, quien confirmó que el uso de la paruma se transmite de generación en generación. Cada una se vendía a 12 dólares. Según explicó, comerciantes llevan las telas hasta la comunidad, donde las mujeres las compran para revenderlas después.

La tradición también se reinventa entre las jóvenes. Jazmín, una joven emberá, combinó su paruma con un crop top negro. Dice que cada compra la piensa con distintas blusas, porque, según ella, es una forma de llevar con orgullo la cultura. Contó además que a veces confeccionan blusas con la misma tela. Reconoció que algunas mujeres sienten pena de usar la vestimenta tradicional, pero ella prefiere lucirla.

En el mismo recorrido se vio otra cara de la comunidad. Durante una jornada de entrega de cheques del Mides, vendedores instalaron sus mercancías alrededor del parque para aprovechar la afluencia de personas. Ofrecían prendas de vestir y ropa interior para distintas edades, con precios de uno, dos y tres dólares.

Uno de los comerciantes, Salvador, explicó que viaja a Panamá para comprar la mercancía por docenas y que la vende en la comunidad. Dijo que solo trabajan ese día, porque es cuando logran recoger algo de dinero, y que la situación en la provincia está difícil.

Salvador también expresó una preocupación: considera que el paso de algunos pagos en efectivo a tarjetas ha dejado en desventaja a los pequeños vendedores, pues, según su percepción, los comercios más grandes tienen más opciones para captar esas compras.

El recorrido deja ver así distintas realidades en una misma comunidad: la tradición que se mantiene, la identidad que se reinterpreta y el esfuerzo diario de quienes buscan vender para llevar dinero a casa.

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