Residentes de un asilo del Callao viven con esperanza la visita del papa León XIV
Los ancianos de una casa de acogida en Perú se preparan para recibir al pontífice el 16 de noviembre, su último día en el país.
Laura, de 84 años, no imaginaba que un papa de origen peruano llegaría alguna vez a su hogar. Es una de las 60 personas que viven en la casa de acogida que las Hermanitas de los Ancianos Desamparados administran en el Callao, la provincia portuaria junto a Lima que figura entre las zonas con más criminalidad del país. El próximo 16 de noviembre, León XIV visitará ese lugar, y los residentes ya tienen la fecha marcada en el calendario.
El hogar es modesto, pero tiene un aire alegre: las paredes son amarillas, el interior luce colorido y varios loros en jaulas animan los pasillos. Aun así, la soledad pesa. Muchos de los ancianos están allí porque no tienen familia cercana que los acompañe. La hermana María Agripina Garrido explicó que en la casa hay mucho dolor, provocado por enfermedades, limitaciones y el abandono de sus familias, y que la visita del pontífice les brinda consuelo.
Laura llevaba más de dos años con depresión y pasaba la mayor parte del tiempo aislada en su habitación. Según cuenta, la noticia la animó muchísimo. José Luis, que vive allí desde hace casi diez años y se recupera de una segunda operación, asegura que desde que supo de la llegada del papa se siente más contento y con más ganas de vivir. Dice que la visita le parece una bendición que no esperaban, porque hay muchos lugares que el pontífice podría visitar.
La noticia llegó en varias etapas. Primero, el anuncio del viaje a Perú ya era motivo de alegría para la comunidad. Meses después, una comisión del Vaticano visitó el hogar, y semanas más tarde el sacerdote que celebra misas diarias les comunicó que el papa iría allí. Las hermanas, según relataron, apenas podían creerlo y ahora preparan la recepción.
León XIV permanecerá entre 30 y 40 minutos en el lugar. Primero estará en la capilla y después en un pequeño estrado instalado en el patio principal. Además, el pontífice tiene un vínculo previo con la zona. Entre 2020 y 2021, Robert Prevost, quien entonces era obispo de Chiclayo, ejerció como administrador apostólico de la Diócesis del Callao. Para atender ambas ciudades, separadas por unos 800 kilómetros, conducía él mismo cada quince días. Ahora volverá a visitar la región en unas semanas.