BULLA
SOCIEDAD

La Puerta del Sol llora a Maricarmen, la mujer desahuciada que impulsó la protesta

Su muerte golpeó a los acampados madrileños, que levantaron altares y reclaman soluciones de fondo a la crisis de la vivienda.

Mesa Internacional, 12:00 a.m. · 2 min de lectura
La Puerta del Sol llora a Maricarmen, la mujer desahuciada que impulsó la protesta

En la madrugada de este miércoles, la Puerta del Sol de Madrid se llenó de tristeza, rabia e indignación. Horas antes se había conocido la muerte de Maricarmen, una mujer de 87 años que fue desahuciada y que terminó convertida en el símbolo de las movilizaciones por la crisis de la vivienda. La noticia llegó cuando la acampada cumplía su duodécima noche.

El ambiente en el campamento es de consternación. Grupos de personas conversan en pequeños corrillos, con gesto apagado, mientras comentan lo ocurrido. Con dolor, los manifestantes levantaron altares en su memoria en dos puntos: a las puertas de la Real Sede de Correos, donde tiene su sede el Ejecutivo madrileño, y bajo la estatua del Oso y el Madroño.

Varios acampados expresaron su indignación. Jon señaló que no es justo que una persona de 87 años pase por lo que vivió Maricarmen, y sostuvo que una situación así desgasta a cualquier persona, sin importar su edad. Igor, por su parte, consideró que a esa edad la pérdida de estabilidad y de tranquilidad pudo pesar mucho en su estado y que, de alguna forma, ya no pudo más.

La muerte se da en un momento clave. El próximo 11 de noviembre se celebrará una huelga general por la vivienda. Además, se prevé que la Diputación Permanente apruebe el primero de los dos reales decretos propuestos por el Gobierno. Aun así, los acampados piden más. Rubén reclamó soluciones conjuntas y pidió que los partidos políticos vengan a la acampada a escuchar lo que quiere la gente. Aska afirmó que Maricarmen fue la gota que colmó el vaso, pero que el problema va más allá, y calificó las medidas previstas como soluciones temporales.

Las personas que acampan en la Puerta del Sol, en la calle Arenal y en Preciados siguen conviviendo de forma tranquila. Sin embargo, tras doce noches durmiendo en tiendas de campaña, con lluvia y frío, el cansancio empieza a pesar. Daniel explicó que el suelo y la esterilla no son cómodos y advirtió que la gente podría cansarse y que la situación podría estallar. Raúl dijo que hay acampados de distintos países que ya forman una comunidad que quiere ser escuchada.

Compartir
Mundo

Te puede interesar

Ver la sección →