Cientos de familias de Los Santos siguen sin hogar tras el terremoto
En Isla Cañas, Búcaro y Tonosí, la emergencia continúa más de tres días después del sismo del viernes 9 de octubre.
Al menos 600 personas de Isla Cañas y Búcaro viven fuera de sus casas, en espacios improvisados que no fueron pensados para dormir. Algunas pasan la noche en una galera ganadera, otras sobre cartones, en hamacas o bajo carpas. Hay quienes perdieron su vivienda y quienes, aunque la conservan, no se atreven a regresar. El terremoto ya no se siente, pero en el distrito de Los Santos la crisis sigue.
En Isla Cañas, la comunidad tuvo que organizar su propia evacuación. Según Demetrio Ríos, representante del corregimiento, el mar subió de forma que nunca antes habían visto los habitantes, tras el temblor de la tarde del viernes. Con lanchas, lograron sacar a más de 300 personas en menos de 40 minutos. Nadie tuvo tiempo de recoger sus pertenencias. Tres días después, las familias permanecen en una finca del sector de Sigua, donde reciben agua y comida de particulares e instituciones públicas. No tienen fecha para volver a la isla, porque las autoridades aún deben evaluar las condiciones del lugar.
El agricultor José Vergara duerme en una galera de ordeño que un ganadero cedió a las familias. El sitio ofrece techo, pero no fue diseñado para tanta gente, y los animales siguen afuera. Vergara advierte que, si llegan las lluvias, la situación podría empeorar. La mayoría salió sin alimentos, utensilios ni ropa suficiente, y ahora depende de las donaciones.
Las pérdidas también afectan la producción. Ríos calcula que más del 80 % de la producción agrícola de Isla Cañas quedó destruida por el sismo y por la entrada de agua salada. Más de cien productores de arroz, maíz, melón y sandía enfrentan la pérdida de sus cosechas y de sus ingresos. La productora Zoraida Ballesteros denuncia que, hasta el momento de la entrevista, no había recibido ayuda del Gobierno y que la asistencia venía de particulares, tanto panameños como extranjeros. Pidió al presidente José Raúl Mulino que se evalúen las viviendas, se indemnice a los afectados y se apoye la recuperación de la producción.
En Búcaro, el riesgo proviene también de la ladera, desde la que siguen cayendo piedras sobre casas cercanas a la costa. La residente Esther Genoveva Oliva, de más de 72 años y con glaucoma, perdió su televisor y otras pertenencias. Pide que las autoridades inspeccionen las viviendas y determinen qué zonas son seguras. En Tonosí centro, el comerciante Nelson de León señala la falta de agua potable, el abastecimiento limitado de los supermercados y el temor a deslizamientos por las lluvias. Además, estima que unas 4,000 hectáreas de arroz están en riesgo de perderse, y advierte que niños y adultos podrían sufrir secuelas emocionales.
Mientras se completan las evaluaciones y se definen las medidas de recuperación, cientos de personas no saben dónde dormirán la próxima noche. Los residentes reclaman respuestas concretas, y las autoridades locales reconocen las dificultades para atender a todos los afectados.