Terremoto deja a La Villa de Los Santos entre escombros, miedo y carpas
El sismo del 9 de octubre dañó la iglesia de San Atanasio y varias viviendas, y muchos residentes duermen fuera de sus casas mientras reclaman ayuda.
La Villa de Los Santos, fundada en 1569, conserva una traza urbana heredada de la época colonial, con su plaza central, casonas antiguas y la histórica iglesia de San Atanasio. Dos días después del terremoto del pasado 9 de octubre, el paisaje del poblado cambió por completo. Las carpas y tiendas de campaña ocupan ahora buena parte del espacio público, porque el temor a nuevas sacudidas mantiene a muchas familias lejos de sus viviendas.
El miedo tiene una base concreta. Las réplicas registradas en distintos puntos del país suman más de 200, y cada una revive la angustia del movimiento principal. Las grietas en edificios y casas dañadas plantean una emergencia habitacional, pero también un reto para conservar los espacios que unen a la comunidad con su pasado.
Los parques Simón Bolívar y Rufina Alfaro se convirtieron en sitios para instalar carpas y habilitar refugios temporales. Otros residentes montaron tiendas en los patios de sus casas, y algunos prefieren dormir en sus autos, listos para salir si hace falta.
Con el paso de los días, el relato de los habitantes pasó del miedo y la incertidumbre a los reclamos de ayuda. Muchos temen regresar a sus viviendas, si todavía están en pie, mientras crecen las preguntas sobre la seguridad de las estructuras, las condiciones en que viven las familias afectadas y el apoyo que recibirán para recuperarse.
Entre los edificios afectados figuran la iglesia de San Atanasio, el edificio del municipio, las instalaciones de la Policía Nacional, el cuartel de los bomberos, la sucursal del Banco Nacional y la Escuela del Folclore, además de varias viviendas. Los daños alcanzaron tanto a edificios públicos como a espacios de la vida comunitaria y construcciones que forman parte de la identidad histórica y cultural del lugar.
El domingo 11 de octubre, a las 5:00 p.m., una ráfaga de lluvia cayó sobre la localidad. En otras circunstancias habría sido un alivio para el calor y para las siembras, pero para quienes perdieron el techo fue una carga más, con agua sobre sus pertenencias y la amenaza de pasar otra noche a la intemperie.