El Sistema de Fallas Azuero-Soná, la estructura detrás del terremoto de 7.5 en Panamá
Especialistas del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá señalan esta falla como responsable del sismo y de sus réplicas, y advierten sobre la necesidad de vigilancia constante.
Tras el terremoto de magnitud 7.5 que sacudió el suroeste de Panamá, la atención científica y de gestión de riesgo se concentra en el Sistema de Fallas Azuero-Soná (SFAS). Especialistas del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá (IGC) lo identifican como la estructura geológica responsable del sismo y de la larga secuencia de réplicas que le siguió.
Investigadores del IGC, entre ellos Julissa Sanjur, Arkin Tapia y Néstor Luque, estudian el marco sismotectónico de la zona, donde interactúan la subducción de la Placa de Nazca y la Microplaca de Panamá.
El SFAS es una estructura de escala regional que se extiende de noroeste a sureste. Según los análisis de mecanismos focales del IGC, opera bajo esfuerzos de cizalla, es decir, desplazamientos laterales o de desgarre. En varios sectores aparecen además componentes de extensión, con fallas normales, y de compresión, con fallas inversas.
Por zonas, la región de Mariato y el golfo de Montijo combina mecanismos de desgarre con componentes normales e inversas. Esa combinación evidencia un estado de tensión y cizallamiento activo a lo largo de la traza de la falla. En cambio, el sector de la isla Coiba y sus alrededores registra fallas transcurrentes vinculadas a la fractura de Coiba y a estructuras locales, con sismicidad frecuente de ruptura lateral.
Los investigadores concluyen que, en el sur de la península de Azuero, los mecanismos focales se asocian sobre todo a fallas transcurrentes y a esfuerzos de cizalla, y que el comportamiento de estas estructuras no es homogéneo.
La región sur del istmo tiene antecedentes de sismos de gran magnitud. El 2 de octubre de 1516 ocurrió el primer sismo documentado en tierra firme por cronistas españoles, sentido en toda la península de Azuero. El 1 de octubre de 1913 un terremoto de magnitud Mw 6.6 causó severos daños en el distrito de Tonosí y zonas cercanas, y es considerado uno de los más destructivos del suroeste de la península antes del evento actual.
Los hallazgos del IGC subrayan la necesidad de un monitoreo permanente mediante arreglos de estaciones sísmicas en las provincias de Veraguas, Herrera y Los Santos. Muchas fallas activas del sistema no tienen expresión directa en la superficie, por lo que la acumulación de energía en el subsuelo exige evaluar la amenaza sísmica de forma constante para proteger a las comunidades e infraestructura del país.