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Del héroe intachable al personaje con defectos en la literatura

La narrativa pasó de figuras infalibles a protagonistas marcados por el miedo, la avaricia y la contradicción, con obras que cambiaron la forma de leer.

Redacción Nacional, 12:30 a.m. · 2 min de lectura
Del héroe intachable al personaje con defectos en la literatura

Durante mucho tiempo fue fácil reconocer al héroe en la literatura. Bastaba con mirar la poesía épica o los libros de caballería, donde el protagonista aparecía como una figura intachable, íntegra y justa, incluso cuando las circunstancias eran adversas. Esa imagen empezó a cambiar cuando algunos escritores decidieron dotar a sus personajes de la contradicción, un rasgo mucho más cercano a la condición humana.

Con ese giro surgieron protagonistas que, ante una situación difícil, reaccionaban con miedo, egoísmo, avaricia o hasta pereza. El público comenzó a reconocerse en esas actitudes más normales, y el cambio no dependió solo del personaje principal, sino de una evolución general de la literatura. El Quijote marcó una parte central de ese proceso, porque la sátira ayudó a los lectores a encontrar rasgos humanos en las historias.

La transformación fue todavía más lejos cuando el héroe también pasó a ser, en algunos casos, el monstruo. Crimen y castigo es el ejemplo más citado: el lector acompaña a un personaje que sostiene una idea deleznable, se adentra en sus razonamientos y atraviesa el peso de su arrepentimiento. En una línea parecida, Madame Bovary y Catherine Earnshaw, de Cumbres borrascosas, representan heroínas falibles pero inteligentes, que se apartan de las normas de su tiempo y, al mismo tiempo, cuestionan la sociedad que las imponía.

Camus dio un paso adicional con Meursault, un personaje indiferente, sin empatía y sin un sentido claro frente a la existencia, que ya no es un héroe sino un protagonista de carne y hueso, entregado a las circunstancias de su entorno. Osamu Dazai, en Indigno de ser humano, lleva a su protagonista al abismo de la alienación social. Céline, en Viaje al fin de la noche, presenta a Ferdinand Bardamu, quien se alista con entusiasmo para la Primera Guerra Mundial y termina desencantado ante los horrores que vive.

Hemingway, con El viejo y el mar, retrata a Santiago, un hombre mayor que persigue a un pez espada en la inmensidad del océano. A través de esa travesía, la obra explora la soledad, la lucha contra la adversidad, la amistad, la añoranza y la reflexión sobre la muerte. Personajes como Bandini, de John Fante, Chinaski, de Bukowski, o Juan, de Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez, tampoco encajan en la categoría tradicional de héroe. Según esta lectura, su función es narrar experiencias personales, ofrecer una mirada distinta sobre la vida y ayudarnos a comprendernos.

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