España se acerca a China y genera tensiones dentro de la Unión Europea
Madrid estrecha lazos económicos y diplomáticos con Pekín mientras otros socios europeos temen que se debiliten la unidad y la seguridad del bloque.
Las calles de Barcelona se llenaron este año de dragones y acróbatas chinos durante La Mercè, las fiestas populares de la ciudad. Shanghái fue la primera metrópolis asiática invitada a esta celebración, en septiembre, y su vicealcalde, Lu Shan, asistió a la ceremonia de inauguración. Según el funcionario, las tradiciones culturales de ambos lugares difieren en forma, pero comparten un mismo espíritu.
El episodio refleja un momento de cercanía entre España y China, aunque esa cordialidad no es compartida por todos los países de la Unión Europea. El presidente Pedro Sánchez ha visitado al presidente chino Xi Jinping cuatro veces en pocos años y, desde la reelección de Donald Trump, ha pedido al bloque en su conjunto que mejore sus relaciones con Pekín.
Ese acercamiento ha generado resentimiento entre varios socios europeos, que ven a China como un rival estratégico y una posible amenaza. En privado, algunos temen que la postura favorable de Madrid hacia las empresas chinas permita que el país asiático se convierta también en un competidor económico dentro del bloque. España no es el único caso: otros gobiernos europeos buscan socios que se ajusten a sus necesidades nacionales, en un contexto de desconfianza hacia la política comercial y de defensa de Washington.
La Comisión Europea calcula que los desequilibrios comerciales con China alcanzan los 1.000 millones de euros diarios. Alemania y Francia impulsan que Bruselas pueda excluir del mercado europeo a competidores chinos subvencionados. Otros países también miran con recelo la relación de Pekín con Rusia, pues expertos en defensa señalan el apoyo tecnológico y económico chino a la ofensiva rusa en Ucrania, algo que China niega.
El inversionista chino se ha vuelto visible en España. Según el ICEX, las inversiones chinas aumentan con fuerza, sobre todo en gigafábricas de baterías y plantas automovilísticas. La fábrica de Chery en Barcelona y los proyectos de Hithium en Navarra y de CATL en Zaragoza son ejemplos de esa tendencia. Los críticos temen que estas instalaciones sirvan para esquivar los aranceles europeos a los vehículos eléctricos chinos y debiliten el mercado único.
La controversia también se extendió al terreno de la seguridad. El Ministerio del Interior adjudicó a Huawei un contrato de 12,3 millones de euros para gestionar datos de escuchas judiciales. Eurodiputados de distintos grupos advirtieron que la decisión podría poner en riesgo a toda la Unión, mientras el Ministerio de Defensa niega que exista algún peligro.
Analistas advierten que estas alianzas pueden erosionar la cohesión europea en un momento de incertidumbre sobre Estados Unidos y la OTAN. La pregunta de fondo sigue abierta: si el acercamiento de España a Pekín responde a intereses nacionales legítimos o si fragmenta la voz común de la Unión.