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Polémica por la virgen de Aparecida marca el cierre de la campaña en Brasil

Un rumor sin sustento sobre el título de patrona de Brasil sacude la disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro a días de la votación.

Mesa Internacional, 8:42 a.m. · 3 min de lectura
Polémica por la virgen de Aparecida marca el cierre de la campaña en Brasil

A pocos días de la votación, el tema que más ruido genera en Brasil no es la economía, la seguridad ni la corrupción, sino una disputa religiosa alrededor de la virgen de Aparecida. Todo empezó con un rumor sin sustento según el cual Flávio Bolsonaro, senador opositor y candidato de la derecha, quería quitarle a esa santa el título de patrona del país.

Bolsonaro, que es evangélico, negó esa intención y acusó al Partido de los Trabajadores, el partido del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de explotar una noticia falsa con fines electorales. Dijo que respeta a todas las religiones y también a quienes no tienen ninguna. Su padre, Jair Bolsonaro, fue condenado a prisión por intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula.

Lula, que es católico, entró de lleno en la controversia. En la ciudad amazónica de Belém sostuvo que, mientras sea presidente, nadie se burlará de la virgen de Aparecida, y pidió aprender a respetar a todas las religiones. La polémica llegó incluso a instituciones como el Tribunal Superior Electoral, que bloqueó publicaciones sobre el tema en redes sociales, y a la Conferencia Episcopal Brasileña, que negó promover informaciones falsas. Según una medición del instituto independiente Democracia em Xeque, el asunto se volvió una de las mayores repercusiones digitales del año en la política nacional.

El trasfondo es una tendencia de años: los católicos tienden a votar por la izquierda que representa Lula, y los evangélicos por la derecha de Bolsonaro. De acuerdo con la encuestadora Quaest, la mitad de los brasileños mayores de 16 años se declara católica y 29% evangélica. Otro sondeo de la misma firma mostró a Lula con 48% de intención de voto entre los católicos, cinco puntos más que en la semana previa a la polémica, frente a 29% de Bolsonaro. Entre los evangélicos, en cambio, el candidato derechista lidera con 46%, contra 27% del presidente.

Los expertos advierten que estos bloques no votan de forma homogénea, pues influyen también la clase social y el color de piel. Aun así, señalan hechos que inclinaron a cada grupo. La antropóloga Regina Novaes, del Instituto de Estudios de la Religión, explica que una parte del catolicismo impulsó los derechos humanos durante la dictadura militar y se acercó a la izquierda, mientras que los evangélicos, al ganar espacio en el Congreso, se volcaron a la derecha con una agenda moral contraria al aborto y a los derechos de minorías sexuales. Según Novaes, esto respondió al temor ante los cambios sociales, al desencanto con algunos planes de inclusión y al hartazgo por la inseguridad.

El propio Jair Bolsonaro, católico de origen, apeló al voto evangélico para llegar al poder. En 2016 se bautizó en el río Jordán, en Israel, y afirmó sin pruebas que el PT repartía material gay en las escuelas. Esos gestos, junto con el temor a una deriva autoritaria, alejaron a parte de los católicos de su movimiento. El actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, católico de centroderecha que alguna vez compitió con Lula, se unió a él en 2022 para derrotar a Bolsonaro.

La figura de la virgen de Aparecida es una pequeña estatua de terracota rescatada en dos partes del río Paraíba do Sul en el siglo XVIII. Según historiadores, representaba a la virgen de la Concepción, patrona de Portugal, pero su color oscuro la convirtió en símbolo de la diversidad racial de Brasil, y el papa Pío XI la proclamó patrona del país en 1930. Esa historia explica por qué el reciente mensaje de Flávio Bolsonaro, quien declaró que si gana decretaría que Brasil pertenece al Señor Jesucristo, preocupó a muchos católicos que lo interpretaron como una alusión indirecta a la santa.

El 12 de octubre Brasil celebra el día de su patrona, y ese día quedará menos de dos semanas para el posible balotaje del 25 de octubre que anticipan las encuestas. Con ese calendario, la polémica podría seguir presente en la recta final de la campaña.

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