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Cómo manejar el trauma emocional tras el sismo para recuperar el sueño

Psicólogos recomiendan cinco pasos para calmar la ansiedad, el insomnio y el sobresalto que deja un temblor de gran magnitud en las semanas posteriores.

Redacción Nacional, 2:46 p.m. · 2 min de lectura
Cómo manejar el trauma emocional tras el sismo para recuperar el sueño

Tras un terremoto de gran magnitud, como el que sorprendió al país el 9 de octubre de 2026, la atención suele centrarse en los daños materiales y en la infraestructura. Sin embargo, el impacto emocional puede ser igual de profundo y aparecer días o semanas después, con ansiedad, insomnio y una sensación constante de sobresalto.

Según la explicación de los especialistas, después de un sismo el cerebro entra en un estado de hipervigilancia. Durante esta fase, el sistema nervioso reacciona a cualquier ruido, vibración leve o sombra como si fuera un peligro inminente o el comienzo de otro temblor.

Entre los síntomas más comunes está la sensación de mareo aunque la tierra esté quieta. También aparecen la dificultad para dormir, los despertares nocturnos con palpitaciones, la necesidad de tener a la familia cerca en todo momento y el rechazo a permanecer en espacios cerrados. Algunas personas se asustan con sonidos cotidianos, como una puerta que se cierra o el paso de un camión pesado.

Los psicólogos recomiendan un protocolo de cinco pasos. El primero es aceptar que el miedo es una respuesta normal ante algo extraordinario, sin reprimirlo ni juzgarlo, sobre todo en niños y adultos mayores. El segundo es limitar el consumo de noticias e imágenes del sismo, informándose solo dos veces al día por fuentes oficiales como el Sinaproc, para evitar que la sobreexposición prolongue el estado de shock.

El tercer paso es practicar el anclaje al presente cuando llegue un ataque de pánico o un mareo repentino. Consiste en apoyar los pies firmes en el suelo, inhalar contando cuatro tiempos, sostener el aire otros cuatro y exhalar en seis, mientras se nombran en voz alta cinco objetos del entorno. El cuarto paso es convertir la preocupación en preparación, revisando el botiquín, ubicando la mochila de emergencia y definiendo un punto de encuentro familiar. El quinto es retomar de forma gradual los horarios de comida, trabajo y descanso, lo que ayuda al organismo a entender que el peligro inmediato ya pasó.

Si después de tres o cuatro semanas las crisis de pánico impiden hacer las tareas diarias, el descanso sigue siendo insuficiente o el miedo paraliza la movilidad, la recomendación es acudir a los centros de salud o a las líneas de atención psicológica de emergencia. Pedir ayuda profesional es una decisión responsable para sanar el trauma, no una señal de debilidad.

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