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OPINIÓN

Cómo la infancia y las tradiciones forjan el amor a la patria en Panamá

Una madre y pedagoga reflexiona, a las puertas de las Fiestas Patrias, sobre el sentido de pertenencia que se aprende desde niños y su impacto en el bienestar emocional.

Redacción Nacional, 12:02 a.m. · 2 min de lectura
Cómo la infancia y las tradiciones forjan el amor a la patria en Panamá

Una madre y pedagoga que vive en Panamá, país donde nació su hija, escribió una reflexión a las puertas de las Fiestas Patrias. Para ella, el país se ha convertido en su hogar: comparte con su gente, disfruta sus paisajes y también convive con sus preocupaciones.

Según la autora, Panamá combina tradición y modernidad, diversidad cultural y contrastes, y avanza sin dejar de lado sus raíces, al tiempo que conserva una riqueza natural considerable. Lo que más la conmueve es el amor a la patria que se percibe en la gente, algo que, a su juicio, se hace visible en estas celebraciones, cuando niños y adultos comparten una alegría colectiva alrededor de una historia, unos símbolos y unas costumbres que sienten como propios.

Desde su mirada de educadora, la columna sostiene que el cerebro de los niños se forma a partir de las experiencias diarias y de los vínculos afectivos. Las vivencias que se repiten en un ambiente seguro y cariñoso dejan recuerdos y asociaciones emocionales que pueden acompañar a una persona toda la vida. Así, las tradiciones dejan de ser simples costumbres y pasan a estar ligadas a la alegría compartida y a la sensación de pertenecer a algo común.

La autora añade que, en esas experiencias, también se construye la identidad, la manera de mirar el mundo y la forma de relacionarse con los demás. Los hijos aprenden tanto de lo que se les enseña como de lo que observan en los adultos: cómo se trata a otras personas, cómo se respetan las diferencias y cómo se cuida lo que se comparte. Sentirse parte de una comunidad, sostiene, es una necesidad humana y una fuente importante de bienestar emocional que acompaña durante toda la vida.

Para la columnista, educar en el amor a la patria va más allá de enseñar una bandera o cantar un himno. Se trata de que los niños sientan que su historia también les pertenece y que tienen algo valioso que aportar. Cuando una persona se siente parte de un lugar, dice, nace el deseo de cuidarlo y de contribuir a un futuro mejor. Concluye que quienes crecen hoy en Panamá serán los que continúen escribiendo su historia, y que el país también se construye enseñando a quererlo desde la infancia.

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