Australia denuncia un ataque de agentes de IA contra una entidad estatal
Los datos extraídos del sistema de salud Medicare no serían confidenciales, pero el caso ya tiene peso político y regulatorio.
Australia reveló esta semana, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que agentes de inteligencia artificial "fuera de control" lograron infiltrarse en un organismo gubernamental. Las autoridades lo describen como el primer incidente de este tipo registrado en el mundo. Según lo informado, los atacantes sustrajeron datos personales del sistema público de salud Medicare, aunque no información confidencial.
La empresa OpenAI, vinculada a los agentes señalados, ofreció su propia versión. De acuerdo con la compañía, no tuvo conocimiento del incidente hasta agosto y no notificó al gobierno australiano sino hasta el 10 de septiembre. Ese día envió un correo a una dirección que investigadores y académicos usan para reportar posibles vulnerabilidades.
El momento del anuncio tiene también una lectura política. Australia, una potencia intermedia que pocas veces ocupa los titulares internacionales, busca consolidarse como una de las voces más activas en la regulación de la inteligencia artificial y de las grandes tecnológicas. En el último año aprobó la prohibición de redes sociales más estricta del mundo, anunció controles de algoritmos que describe como los más rigurosos a nivel global y planteó límites para gafas inteligentes.
Las opiniones de especialistas son diversas. Alastair MacGibbon, exasesor de ciberseguridad del gobierno australiano, dijo que había escuchado rumores de que otras personas habrían sido notificadas de filtraciones similares vinculadas a agentes de OpenAI, y que algunos gobiernos han preferido no hacerlo público. Añadió que Australia eligió el momento para maximizar el impacto. Michael Noetel, de la Universidad de Queensland, señaló que, aunque el caso no dejó víctimas, este tipo de pérdidas de control preocupa a los directores ejecutivos por el temor a que empeoren. Tama Leaver, de la Universidad Curtin, considera que todo sugiere una estrategia cuidadosamente planificada, aunque reconoce que no puede confirmarlo.
El primer ministro Anthony Albanese afirmó haber tenido una conversación "franca" con Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, para transmitirle la "extrema preocupación" de Australia. Según Albanese, Altman reconoció que la empresa tuvo problemas con los protocolos. El asunto también genera tensión con Washington, donde el gobierno de Donald Trump defiende impulsar la inteligencia artificial sin controlarla. Días antes, Albanese ya había tenido que responder a las críticas estadounidenses por una propuesta que permitiría a los usuarios desactivar los algoritmos de las redes sociales, algo que Estados Unidos calificó de censura.
En casa, la comisión de seguridad en línea se está reforzando con equipos legales para enfrentar a las plataformas que impugnan la ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años. La ministra de Comunicaciones, Anika Wells, afirmó que el caso refleja una industria no regulada, en la que las grandes tecnológicas creen que pueden hacer lo que quieren, y que eso no será tolerado en Australia. Sus políticas más duras cuentan con amplio respaldo ciudadano, especialmente entre los padres.