Rocinha vota entre la inseguridad y el desencanto en la primera vuelta
La mayor favela de Río de Janeiro acude a las urnas sin esperanza de que su voto cambie la realidad de la comunidad.
Largas filas se formaron este domingo en las calles de Rocinha, una comunidad de cerca de 100.000 habitantes ubicada en la ladera de una montaña en Río de Janeiro. Sus vecinos votan en la primera vuelta de las elecciones entre el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el senador derechista Flávio Bolsonaro, pero lo hacen cansados de la inseguridad y de las dificultades para llegar a fin de mes.
El pensionista Antonio Machado, de 70 años, resume el ánimo del lugar. "Este país da un poco de vergüenza", dijo, y se quejó de que los políticos solo buscan a los vecinos en época de elecciones. Machado vive con el temor constante a las bandas armadas que dominan la favela, cuyos enfrentamientos con la policía son frecuentes y, muchas veces, letales en sus estrechos callejones.
La seguridad es una de las principales preocupaciones de los votantes en estos comicios. Flávio Bolsonaro ha elogiado las polémicas políticas de seguridad del presidente salvadoreño Nayib Bukele y promete recuperar el control estatal sobre las zonas dominadas por grupos criminales como el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital. Planea declarar a esas organizaciones como terroristas, siguiendo una medida que el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump adoptó meses atrás.
Lula, por su parte, ha prometido recuperar el territorio y asfixiar la logística de las bandas, que han resistido numerosas ofensivas policiales y cambios de gobierno. Para algunos votantes, la violencia es un problema que se arrastra desde hace años. La científica biomédica Fabricia de Melo, de 27 años, considera a Lula un mal menor: "No es que sea la mejor opción, pero es la que tenemos". Ella, que se identifica como persona negra, dice que no confía en la policía, a la que describe como una fuerza que irrumpe en las casas y agrede a la gente.
El contexto de la violencia policial es grave. Según cifras oficiales, la policía de Brasil mató a un promedio de 17 personas al día entre 2019 y 2025. El padre de Flávio, el expresidente Jair Bolsonaro, quien está encarcelado por un intento de golpe de Estado, impulsó durante su mandato las intervenciones policiales en barrios azotados por la delincuencia.
Lula sigue siendo admirado por muchos por los programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de brasileños durante sus dos primeros mandatos, en la década de 2000. Pero la paciencia se agota. Maicon Santana, albañil de 22 años, afirma que el gobierno no le agrada y que no ha hecho nada. João Batista, trabajador del sector tecnológico que votó por Flávio Bolsonaro, se queja de los precios de los productos básicos y dice que la izquierda ya no da más.
En las últimas semanas de campaña, Lula anunció medidas populares como aumentar las ayudas sociales y prohibir las apuestas deportivas en línea, un negocio que ha llevado a muchas personas a la ludopatía y al endeudamiento. Raissa Gonçalves, de 21 años, reconoce que el mandatario ha hecho mucho por la gente, pero considera que incumplió muchas de las promesas de la elección anterior.